Todo parece indicar que el Presidente ha armado un gabinete más a su medida. En otras palabras, este nuevo gabinete es más suyo que el difunto de Bellido y Cerrón. De este último ha conservado a su abogado en el Ministerio del Interior, un guiño a su mentor que está con la justicia pisándole los talones.

Es cierto que también están Betsy Chávez y Dina Boluarte, pero bien miradas sus actuaciones en esta última crisis política de pugna entre el cerronismo y el gobierno, pasan más por traidoras con juego propio y personalísimo, así que no cuentan. Dicho esto, es evidente que Castillo ha traicionado a Cerrón al asumir su propio juego político y, podría decirse, que ha tenido un segundo debut de su corto mandato de dos meses que, en realidad, es SU debut. El problema es que el profesor se ha quedado sin bancada o, en todo caso, con una minibancada de maestros de PL.

El cerronismo, representado por su hermano y vocero en el Congreso, ya advirtió la traición y la no representatividad del gabinete frente a su bancada. Eso deja mal parado al Presidente, a merced de las fuerzas de la derecha y de su grupúsculo de maestros, aunque parece haber ganado también una parte de la bancada de Acción Popular que también está representada en el gabinete. Por supuesto también tiene a los caviares que se han apoderado del gabinete y que están debidamente representados en el Congreso a través de diversas minibancadas.

De ahí se sigue que los caviares serán los que moverán a todas las fuerzas fácticas que controlan, empezando por la opinología, los medios de comunicación, la academia y los gremios en los que se han enquistado a través de empleados salidos de las mejores universidades americanas con el cerebro formateado con la corrección política, el feminismo, el LGTBismo y otras perlas.

Varios ministros juraron por estos “valores”. Mientras tanto, Educación sigue en manos del Movadef y Castillo no ha abandonado para nada la aspiración constituyente en la que coincide con los caviares y Cerrón. La olla a presión ha sido destapada en el momento justo de la explosión, pero el objetivo constituyente sigue avanzando desde el gobierno, el congreso y las ONG caviares. La derecha, para variar, se va a dividir. Los más recalcitrantes seguirán en pie de guerra, aunque el país esté cansado de los Bellidos, tanto los de sombrerito folclórico como los de saco Armani.

Otros, tratarán de llevar la fiesta en paz con el nuevo gobierno al que asimilarán a una socialdemocracia más radical que las nórdicas, algo parecido a la española y sus aliados chavistas. En poco tiempo saldrá a la luz si Castillo va por los símbolos sin contenido como la “segunda reforma agraria” o por la nueva constitución monda y lironda. Si ese fuera el caso, la derecha no debería temer como lo hace hoy a través de colectivos que recolectan firmas contra la constituyente.

Sobre todo, si estos colectivos no lo consideran un trabajo político, sino “cívico”, es decir, un trabajo no para gente común y corriente que necesita pagar luz, agua, teléfono, matrículas y etc., sino para millonarios que pueden usar su tiempo “cívico” como les venga en gana y que, además, recaudan fondos sin cuentas a nadie.

A mí no me molesta competir en una constituyente, creo que la derecha ganaría la elección si esta fuera con voto secreto y universal, y no como lo propone mañosamente la izquierda y Sendero, con corporativismo de “soviets” de por medio. Es contra esto sobre lo que hay que luchar y no contra la constituyente en sí. Creo que esa lucha va perdida porque la gente quiere un cambio total. Hay que leer los signos de los tiempos. Simplemente hay que olfatear la calle, como dice mi buena amiga Patty Chirinos.

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