Independiente de lo que decidan las bancadas en el Congreso ante la presentación del gabinete presidido por Mirtha Vásquez, soy un convencido que no genera confianza alguna, por más que las formas hayan cambiado, del estilo confrontacional de su antecesor Guido Bellido a mejores maneras de la premier actual.

Una primera razón de la desconfianza está en la designación de los ministros del Interior y de Educación, el primero muy relacionado a los cocaleros del Vraem, mientras que el segundo, muy próximo al gremio magisterial que se le asocia con el Movadef.

Pero no solo eso, en el Ministerio de Energía y Minas, el nuevo titular de la cartera viene protagonizando algunas escaramuzas, como el enfrentamiento con los viceministros de electricidad e hidrocarburos, a lo que se suma su llamado a la reorganización, que en el ejercicio de una gestión no pasa de ser un relevo masivo de personal, mientras las urgencias normativas que son parte de la función ministerial se mantendrán en la inacción. En una dependencia donde está en juego el 14% del PBI, no se está para perder el tiempo.

La situación no queda allí, la ministra de Trabajo, Betssy Chávez, ha pasado de la moderada que pretendía transmitir tranquilidad desde la bancada del gobierno en el Congreso, a ser activista de la asamblea constituyente. Doble estándar que la hace poco creíble.

De otro lado, las señales que se dan sobre los temas que el gobierno considera indispensables e impostergables, como: la revisión de los contratos-ley, la recuperación del gas de Camisea, la rebaja del precio del GLP y la segunda reforma agraria; solo son titulares mediáticos, sin plantear una agenda para abordarlos y hacer los cambios que desean. La verdad es que suenan a estatismo de los años 70.

En lugar de discutir los temas para afinar la economía, en un momento de incertidumbre sobre el precio del cobre por la crisis de la inmobiliaria Evergrande y de los problemas de la cadena logística, se tiene un debate político de bajo nivel.

Si se hiciera una evaluación libre de preferencias y apasionamientos, el gabinete Vásquez no merece que se le otorgue una votación favorable para la investidura, razones sobran que van desde el desconocimiento, el demérito y la soberbia de creer que todo lo pueden.

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