En mis dos últimos artículos, bajo el título de “De mal en peor”, resumía los yerros del Gobierno al designar a los más altos funcionarios, comenzando por el presidente del Consejo de Ministros, los ministros y titulares de entes tan importantes como EsSalud. La mayoría de ellos carentes de idoneidad para asumir las funciones del cargo y, peor aún, con una hoja de vida manchada con probada o indiciaria responsabilidad en actos reprobables éticamente y hasta delictivos y de gravísima connotación como terrorismo o apología de terrorismo.
Como prueba de que esta cadena de nombramientos indebidos y desprecio a las justificadas observaciones hechas por la ciudadanía no tiene cuando acabar y puede ser más impropia aún, se produce el último sábado la designación como director de Inteligencia Nacional de la Dirección Nacional de Inteligencia -DINI- a un mayor en retiro de la Policía Nacional del Perú, sin otra referencia que la de haber sido comisario de Tacabamba, Chota, lugar de origen del inquilino –muy precario por cierto– de Palacio de Gobierno. Abrevio los antecedentes a fin de no entrar en los deméritos que registra su hoja de vida, ya que me referiré exclusivamente a su preparación para un cargo que significa ser operativamente la máxima autoridad del Sistema de Inteligencia Nacional.
El Sistema de Inteligencia Nacional –SINI- de acuerdo a su ley orgánica, produce Inteligencia Nacional para el presidente de la República y el Consejo de Ministros para la formulación y ejecución de acciones y políticas referidas a seguridad nacional, que para decirlo en términos coloquiales tiene que ver con preservar y proteger los tres elementos esenciales de un Estado: pueblo, territorio y gobierno, todo ello dentro del orden constitucional de la República.
La misma ley del SINA señala que el director de la DINI debe poseer conocimientos y experiencia en asuntos relacionados a seguridad, defensa y desarrollo nacional. Esos conocimientos y experiencia no son un conocimiento generalizado o básico, sino que requiere calificación especializada, requisito que obviamente no cumple el recién designado.
Debido a su evidente ajenidad a la especialidad de Inteligencia es que el flamante jefe de la DINI responde que solo reportará al presidente de la República, lo que revela que ni siquiera ha leído la norma que rige la institución cuya dirección asume y que prevé como destinatario de la Inteligencia Nacional no solo al jefe de Estado sino al Consejo de Ministros, cuyo presidente es investigado por apología al terrorismo, lacra que es identificada como una amenaza a la seguridad nacional. Lamentable.

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