El país está como está, polarizado, crispado, próximo a estallar, por culpa de la prensa canalla. Unos infames medios de comunicación vendidos al gobierno de turno. Desde Toledo, pasando por Humala, Kuczynski, Vizcarra y Sagasti. Nos referimos a la mafia periodística compuesta por El Comercio, La República, RPP, canales 2, 4, 8 dedicada a desinformar al más clásico estilo del nazi Goebbels: “La mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Durante esas dos décadas, con excepción de la segunda gestión de Alan García –a quien descuartizaron políticamente hasta conducirlo al suicidio, en venganza por no contribuir a la “causa” de esta camorra mediática, no favoreciéndola con la depravación del avisaje estatal- esos medios de comunicación diezmaron tanto al Apra como al fujimorismo, mientras endiosaron a la izquierda. Porque de esa forma aseguraban su subsistencia con dinero del Estado. Durante veintidós años, excepto el flagrante escándalo de los Humala -al que dedicaran espacio a regañadientes; incluso utilizando palabras algodonadas- ni investigaron ni publicaron denuncia alguna sobre la mayoría de zurdos sorprendidos con las manos en la masa. El ejemplo de Verónika Mendoza, asistente de Nadine, es emblemático; incluso taimadamente esa prensa la ayudó a escabullirse de la Justicia. Paralelamente está el caso Villarán y su cohorte de cómplices, que robaron al país decenas de millones de dólares dándole megaobras a la corrupta Odebrecht, que todavía siguen rindiéndole utilidades. Ejemplo, la red Vías de Lima. Colaboraron en ello Marisa Glave, y esperpentos como un tal Augusto Rey del clan El Comercio. Aunque la actuación de la prensa vendida, durante la gestión Vizcarra, ya tuvo visos esquizofrénicos. Le aplaudió desde su primera hasta la última puñalada al pueblo, al cual desatendió durante la pandemia. Pero, asimismo, escondió atrocidades avaladas por el propio Vizcarra, su impresentable primer ministro Zeballos y sus ministros de Salud Zamora y Mazzetti. Como no adquirir pruebas moleculares, camas UCI, respiradores, plantas de oxígeno, etc. Reiteramos, pues, que esta mafia periodística jamás la emprendió contra un solo izquierdista, como hizo con el Apra y el fujimorismo. ¿La razón? A las izquierdas hay que “cuidarlas” porque dan dividendos. Únicamente exigen que las respalden; o cuando menos que nunca hagan públicas sus corruptelas. Idéntico sucedió con PPK, quien vergonzantemente utilizara ese escudo mediático en contraprestación a los millones que dispendió en publicidad estatal, y a las escandalosas contrataciones –bajo cuerda- que autorizó a “periodistas” afincados en dicho emporio mediático, pagadas bajo el rubro “servicios” al Estado. Semejante festín de millones alentó el enriquecimiento ilícito de las empresas propietarias de este envilecido cartel, saqueando las arcas de la nación a cambio de mantener en el poder a un cuarteto de politiqueros que tanto perjuicio le ha provocado al Perú.
Daño reflejado en el estatus en que sobrevive este país, inmerso en una espeluznante conmoción sociopolítica expresada en las calles por dos sectores antagónicos, como consecuencia de un sistemático impulso al odio contra el centroderecha –por el que, hace sólo un lustro, votase a favor 72 por ciento de la sociedad- provocado por el cartel mediático de la corrupción.

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