General Martos, haga honor a su voceado pragmatismo y saque al Ejército a distribuir alimentos, medicinas básicas y agua potable. Calme la desesperación de los peruanos hambrientos y asustados. No hay tregua, el virus está descontrolado, es imperativo que perciban que no están solos ante esta incontenible fuerza de enfermedad y muerte.
Parecería que en el Perú los invisibles solo existen a través de la inexcusable violencia, de actos delictivos con los que chantajean al débil e incompetente gobierno. Este último domingo fallecieron tres miembros de la comunidad nativa de Bretaña, que demandaban la paralización de labores del lote 95 operado por la empresa PetroTal. Poco días antes, pobladores puneños incendiaron el campamento del proyecto hídrico Vilavilani, obra apoyada por el ausente GR Agustín Luque, investigado por no adoptar medidas durante la pandemia. El conflicto en Las Bambas no tiene fin; Espinar vive en permanente pie de guerra contra la minería desde las épocas inmemoriales de Tintaya operada por Centromín Perú. La gran maltratada es la inversión privada, aquella que cumple con la ley, paga todos sus impuestos y constituye la mayor fuente de riqueza del país.

Hoy existen 220 conflictos sociales de los cuales el 70% son de índole minera. Las mesas de diálogo no funcionan y los convenios ni se cumplen ni se respetan. Los Gobiernos Regionales tienen una inmensa responsabilidad. Es imperdonable que S/ 13,000 millones provenientes del canon minero estén durmiendo en sus cuentas bancarias, sin haberse traducido en obras para paliar el descontento de esta pobrísima población. Más insensato aún el Gobierno Central que los sigue enriqueciendo, a sabiendas de su probada incompetencia. El traidor mayor tejiendo alianzas con los traidorcillos.

Por ello, es inaceptable que Walter Martos señale: “No soy ni prominero ni antiminero”. Nadie le pide que se rasgue las vestiduras, pero no puede dar respuestas escurridizas y facilistas a un tema esencial, para no caer en la categoría de fanático minero como fue tildado Pedro Cateriano. Lo razonable es oponerse a la minería informal e ilegal y pronunciarse a favor de la minería moderna, aquella que tiene una perfecta convivencia con la agricultura, que recicla más del 99% del agua y que opera con sistemas de última generación para mitigar los impactos ambientales. Además, es la primera en hacer donaciones a favor de la población en caso de emergencia. Es un despropósito fruto de agitadores y enemigos del país, que proyectos que cumplen religiosamente con la legislación y su instrumento ambiental no consigan la Licencia Social. Solo se explica por intereses subalternos, politizados de esa Izquierda de escritorio representada por el reo Gregorio Santos, Marco Arana, Verónika Mendoza y otros agitadores, grandes cultores del asistencialismo estatal, incapaces de presentar una sola propuesta, UNA SOLA que le agregue valor al Perú.

General Martos, el precio del cobre está por los cielos y China –el comprador por excelencia– se está reactivando a gran velocidad. Es indispensable capitalizar este momento, tenemos que llegar antes que nuestros competidores. El Perú no puede vivir sin minería, tenga la gentileza de informarse mejor y la valentía de asumirlo.