Señores del gobierno, háganse una, les gustará

Señores del gobierno, háganse una, les gustará

Nuestro país ha llegado tarde a las OROPs y, por desidia, hemos dejado de recibir recursos a los que tenemos derecho. En la Antártida seguimos siendo convidados de piedra, a pesar de nuestra antigua vocación oceánica en esa región, que data de 1567. Ojalá que la Cancillería y nuestras autoridades competentes se preocupen, esta vez, por la reunión de las Naciones Unidas que se llevará a cabo en agosto próximo y que podría afectar enormemente nuestro futuro como país pesquero.

La ONU, destacando la necesidad de avanzar en la protección del ambiente marino, ordenó la celebración de una conferencia intergubernamental para negociar un nuevo tratado, con el afán de conseguir “Un Instrumento Internacional jurídicamente vinculante relativo a la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica marina de las zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional”, (BBNJ, por sus siglas en inglés).

El objetivo sería llenar lagunas de regulación en el sistema creado por el Derecho Internacional en temas relativos a la diversidad biológica marina de Alta Mar en 4 áreas: Recursos Genéticos Marinos; Manejo basado en Areas Marinas Protegidas; Estudios de Impacto Ambiental; y Creación de Capacidad y Transferencia de Tecnología. Se ordenó tener especial cuidado en la no vulneración de las competencias atribuidas a organismos globales, regionales y sectoriales como COFI de FAO; la Organización Marítima Internacional; las Organizaciones Regionales de Ordenación Pesquera (OROPs), a las que se les reconoce su funcionamiento efectivo en la conservación de la biodiversidad, permitiendo el alimento y el trabajo que produce la pesca para la humanidad.

Las OROPs han venido asegurando con precisión científica la conservación mediante la regulación de la pesca, y prueba de ello es que las especies bajo su gestión no están amenazadas, ni en la lista de protección de CITES. Aunque se mantienen en permanente perfeccionamiento, tampoco se han identificado vacíos concretos del sistema de gestión pesquera.

El nuevo tratado ha despertado mucho interés en el mundo de la conservación. Algunas de esas organizaciones, de mucha influencia política internacional, han alegado que la Alta Mar no se encuentra regulada y, está bajo ataque, aduciendo que los ecosistemas marinos “…están sujetos a los impactos negativos de las actividades humanas en múltiples sectores económicos…”. Ubican como problema a la sobrepesca, y aducen que se encuentra agravada la situación por la falta de supervisión y ordenamiento integral, para concluir que la gobernanza en los océanos es fragmentada y claman por la construcción de un BBNJ mesiánico, con una alta gravitación de ONGs, desconociendo la importancia y autoridad de las OROPs, lo que desmoronaría la gobernanza pesquera que ha costado tanto conseguir.

La pesca puede verse beneficiada de un instrumento como el propuesto, si su labor fuera complementaria y no intrusiva. Existen factores antropogénicos de degradación del ambiente marino que afectan a la pesca y que no proceden de ésta, como los contaminantes derivados de los desechos en tierra que, entre otros, son la fuente de los microplásticos; sustancias químicas que afectan a los océanos; aguas servidas sin tratar; derrames de petróleo, etc. BBNJ puede coadyuvar en el fortalecimiento del sistema con mecanismos de cooperación para lograr abordajes científicos, evitando el juego cuasi-bélico de competencias, que se daría al crearse una “SUPER OROP” de todos y de nadie, demencialmente antipesquera.

Entérense, señores del gobierno, Congreso y sector pesquero en general. En el mundo están pasando cosas que nos afectan ante lo cual, Perú como país pesquero de primer orden, no puede seguir siendo irresponsable y pasivo espectador. Háganse una, les va a gustar.

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