Hasta este fin de semana el Congreso tiene plazo para reformar el voto preferencial, es decir, eliminarlo. No debería hacerlo de ninguna manera. Los caviares que son expertos en reformas de escritorio tienen varias objeciones que se relacionan con su propia agenda y que confunden adrede con la del país. Dicen unos que la eliminación del voto preferencial fortalecería la campaña de los partidos políticos versus la de los particulares. Es decir, en unas “ideales” elecciones internas se elegirían los primeros 20 que, de alguna forma, por poner un número clauso razonable, podría llevar a una bancada al Congreso. Y los ciento diez restantes de la lista, ¿están de relleno, de adorno? ¿No sería esto una engañifa, un fraude puesto que se presenta una lista cuyos participantes más allá del número veinte no tendrían ninguna posibilidad de salir? También se dice que en contra del voto preferencial está que aquellos electos por esa vía reclaman haber conseguido los votos por ellos mismos y no por el partido, propiciando luego el transfuguismo. ¡Ah, ¿sí? ¿Cuáles partidos? ¿Avanza País, Restauración Nacional donde acaban de inscribirse o están por inscribirse, a menos de diez días de la fecha límite, sendos candidatos presidenciales como Hernando de Soto o George Forsyth; o Verónika Mendoza que no pudo inscribir su propio partido y que iría con la inscripción de Juntos por el Perú? ¿Podemos es un partido o una empresa de Pepe Luna y de Cavassa? ¿Y APP que nos ha regalado casi todos los prontuariados defenestrados del Congreso por sentencias en segunda instancia? ¿Esos son partidos? Señoras y señores, casi no hay partidos en el Perú. El Apra está por ver si vuelve a alzar cabeza con Roque Benavides porque desde hace más de diez años ha desaparecido del mapa electoral. El PPC no existe, y en buena hora porque otros tomaron su lugar.

La mayoría de los moraditos son invitados, saltimbanquis de la puerta giratoria de la política o de la empresa, ¿o acaso no son eso Gino Costa u Olivares? Y a Keiko, que es la única que tenía un partido en vías de construcción, los fiscales se lo echaron abajo incluyéndolo en una abusiva investigación por “organización criminal”. En ese contexto son los perfiles políticos personales y no los partidarios los que mandan aquí y sobre los que la población puede hacer un seguimiento. ¿Transfuguismo? ¿No desbarató el TC caviar la ley antitransfuguismo para hacerle la vida imposible a la mayoría de Fuerza Popular en el anterior Congreso? ¿Por qué ahora se rasgan los caviares las vestiduras por el transfuguismo que acarrearía el voto preferencial? Pero la razón más ideologizada y estrafalaria es que el voto preferencial atentaría contra la paridad y alternancia en las listas, pues sería una forma de sacarle la vuelta a la ley. En otras palabras, lo que nos quieren decir es que ni con ley de paridad y alternancia los caviares y las feministas están seguros de imponernos un combo que el voto preferencial, es decir, SU voto amable lector, desbarataría.

Ellos quieren que votemos por un bloque cerrado y totalitario de un hombre una mujer ya establecidos con pegamento en una lista, pero los electores con su voto preferencial pueden decidir otra cosa. ¿Está bien? ¡Pues claro que está bien! ¡Ese es el poder del voto! No me gusta, pues, la paridad y alternancia que ha propuesto el partido tal porque los hombres son unos bobalicones, entonces voto por dos mujeres que me parecen mejor. ¿Hay algo de malo en ello o viceversa? La cereza de la torta demuestra que los caviares se agarran de cualquier cosa con tal de salirse con la suya: la eliminación del voto preferencial hace más célere el proceso electoral en época de pandemia. ¡Entonces mejor por qué no votamos por correo!