Cuántas veces ha escuchado usted cuando va a hacer un trámite a una entidad estatal: ¡Uy! no se puede señor. Y es que parece que fuera una frase tan común como decir buenos días para los burócratas acostumbrados a que estas palabras les generen más puestos de trabajo. Ellos no piensan en que detrás de esa frase aniquilan la posibilidad de una vida que salvar, una ilusión por realizar, un deseo que cumplir.
Muchos de estos puestos han sido entregados a través de clientelismo por años, entregado a los amigos que ayudaron en la campaña política y que como no tenían una chambita pues allí está el Estado premiando sus gritos de tres hurras cada vez que aparece el futuro presidente, gobernador o alcalde, validando esas hurras como si fueran diplomas de un “currículum vitae”.
Esta gente se ha enquistado por años en los puestos del Estado y nunca han sido más visibles como ahora en pandemia, porque un burócrata no está preparado para las emergencias, no está preparado para rendir cuentas, no tiene idea ni la intención de hacer bien su trabajo, porque si no, ya no sirve.
La burocracia es un muro que crea desigualdad. Para algunos ideologizados ha sido la forma de crear empleos y juntar gente para que los aplaudan, una especie de falso reconocimiento. Pero para los más pobres, los que menos tienen, la burocracia es lo que los entierra en más pobreza, la que no les permite tener nada, la que no les permite ser atendidos en hospitales sino los obliga a pasar de frente a las funerarias, la que los obliga a esperar solo la justicia divina, la que los convierte en estadística, la que les quita todos sus sueños.
Todo esto se ha convertido en un círculo vicioso, porque quienes quieren tener una presidencia terminan prometiendo de todo, y prometen no tocar los puestos del Estado donde los burócratas bien organizados se allanan al gobierno de turno. Para los burócratas no importa quién gane la presidencia. Por eso tenemos que identificarlos, “ponerlos al fresco”, conocer qué hacen todo el día, porque ellos viven de nuestros impuestos. Impuestos generados por los emprendimientos privados, por los trabajadores en cada descuento de planilla, recibo por honorarios, o en cualquier compra cuando se paga IGV. Hagámoslo por los que menos tienen, porque ellos no tienen tiempo ni se imaginan que un presidente no puede cambiar esto por sí solo, necesita nuestro apoyo. Las grandes reformas son las que más cuestan, defendamos lo nuestro. Hoy más que nunca necesitamos un presidente que no divida entre ricos y pobres, sino que nos una, juntos podemos salir adelante, digámosles a todos esos burócratas: ¡Sí se puede!
@sandrostapleton

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