¡Siempre Vallejo!

¡Siempre Vallejo!

Nuestro Vate sigue viajando por el mundo, vivito, cada vez con más vitalidad. Vallejo despierta muchas emociones, invita a ver la vida con cristales transparentes, sin trastocarla; en Vallejo, los años epi no sonsodios que tienen punto final, todo lo contrario enraíza y florece germinando frutos cada vez más agradables y que son como puertas para salir y refrescarse con otros aires. Vallejo te tiende la mano sin aspavientos, esa mano sincera para tejer puentes que permitan transitar imaginando mundos mejores.

Por eso, celebro la aparición de la novela gráfica, de José Carlos Chihuán Trevejo y Jaime Chihuán Gálvez En París con aguacero. Un impecable trabajo con más de 250 ilustraciones que nos acercan a la vida de Vallejo en París, pero, sobre todo, contextualizado y orientado al sector juvenil, cuyo lenguaje posibilita leerlo de un tirón. Esta publicación, según Marco Martos, “…tiene la virtud de acercar al poeta a un público juvenil que así se va preparando para conocer una magnífica poesía”.

En la muy bien estructurada trama, Pauline, la joven estudiante universitaria de padre francés y madre peruana, realiza una investigación sobre Vallejo. Desde el inicio es cautivada por sus poemas y toda la historia se da en un ambiente natural y emotivo. El aura de la ficción permite que entable una relación mágica y converse muchas veces con un personaje que habita y aparezca en diferentes escenarios donde ella acude para leer y continuar con su trabajo. Solo al final se da cuenta de que el ilustre y lúcido interlocutor es Vallejo. La novela acierta en darle un rol central al lenguaje visual que nos trasporta inmediatamente a escenarios parisinos y acercarnos así a la vida de Vallejo en tierras europeas. Al respecto, Jorge Nájar escribe: “La obra gráfica plasma escenas precisas y muy bien vistas. Se reconoce a los protagonistas. Se distinguen muy bien los escenarios de París, Versalles y de los diferentes puntos de reunión frecuentados por Vallejo”.

Con Vallejo logramos desempolvar el cristal para ver al trigo germinar para que pronto tengamos pan y esta vez no dejaremos que se nos queme en la puerta del horno. Su luz ayuda a desalambrar cercos de indiferencia como aguacero fresco, tenue, a pesar de que llega como tormentas de odio, pero también como alborada de vida que brilla en todos los caminos aunque está lleno de huesos húmeros. La poesía de Vallejo es indetenible, porque tal vez estos días siempre serán jueves que posan unos sobre otras como piedras y como sueños.

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