Al llamado grupo El Comercio se le conoce como “la concentración mediática”, después de haber incorporado a su consorcio periodístico a los medios que fueran de la cadena Epensa fundada por Luis Banchero Rossi. Tras conseguirlo, acumuló el 80% de la lectoría de periódicos del país. Un espectro oligopólico sumamente peligroso para la estabilidad de cualquier democracia. Más aún, para una tan frágil como la nuestra, adonde dominar 80 por ciento de espacio de la prensa escrita implica ejercer una fuerza viciosa. En especial si, además, este grupo periodístico adorna su señorío con la propiedad de dos canales televisivos. Uno de señal abierta, del cual se adueñó extorsionando al corrompido exmandatario Toledo en un operativo sinuoso que involucraría al Servicio de Inteligencia Nacional, entonces a cargo del inefable César Almeyda. Procedimiento evidentemente mafioso que, hasta ahora, no es investigado por el Congreso, la Contraloría, etc. En torno al caso, nuestros tribunales tienen entre sus manos una demanda de nulidad por la compra de Correo, pues viola las libertades de expresión y mercado. Por nuestra parte hay que agregar que produce una hegemonía mediática de proporciones tectónicas, capaz de someter al poder político elegido directa o indirectamente por la sociedad peruana. Como, en efecto, hemos comprobado con los últimos mandatarios (Humala, Kuczynski, Vizcarra Toledo, Sagasti), vía los ucases del esquizofrénico conglomerado mediático convertido tácitamente en poder omnímodo del país. Por cierto, hablamos de una coyuntura inaudita en la aldea global. Porque no existe en nación alguna un grupo mediático que concentré tanto poder mediático.
Canal 4 lo consiguió El Comercio a cambio de no seguir extorsionando a Toledo, hoy procesado por robarle US$35 millones al Perú. El Comercio se alzó con él pagando pesetas por el principal canal nacional, confiscado a Crousillat por Toledo y administrado por Indecopi. Luego presionaría a Humala -otro corrompido- para hacerse del grupo Correo, violando el principio de concentración empresarial. Desde entonces aparece como editor del 80% de la prensa escrita que consume el Perú. Si para algunos ello no significa tener un poder exagerado -reiteramos, en un país con una democracia muy frágil, sin partidos políticos y con un Estado ciertamente parapléjico- entonces mejor apaguemos la luz.
Esta concentración mediática en manos de El Comercio atenta contra la libertad de expresión al privilegiar el pensamiento único, volando en pedazos la pluralidad informativa y de opinión. Más aún, el principio del periodismo libre impide que una familia conserve el control del 80% de lo que leen los peruanos. No solo para nutrirse de noticias diarias, sino de comentarios presuntamente dirigidos a guiar correctamente a nuestra sociedad. Es evidente que este pensamiento único lo impulsa El Comercio a través de una docena de periódicos, de tiraje nacional, sumados al mayor canal televisivo y a otro por cable. Algo que, en rigor, califica como una con-cer-ta.ción, más que con-cen-tra-ción mediática. Prácticas legalmente prohibidas, que continuarán haciendo inviable al Perú.
El comunismo acabará con la predominancia de El Comercio. Lamentablemente lo hará a costa de fulminar toda forma de libertad de expresión.

 

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