Keiko Fujimori debe neutralizar el machismo del candidato comunista Pedro Castillo. Hasta ahora el representante del partido prohijado por el movadef de sendero luminoso viene haciendo de las suyas, al más típico estilo de los autócratas marxistas de la URSS. Con más razón, tras su necio ensoberbecimiento porque en primera vuelta apenas obtuvo el 20 % del electorado. La última afrenta machista del postulante comunista ha sido conminar a Fujimori a debatir con él delante del penal Santa Mónica, donde la candidata de Fuerza Popular estuvo injustamente detenida, más de una vez, por cuenta del fiscal progresista Pérez, sin que exista acusación formal. Keiko Fujimori aceptó la afrenta sin parpadear. Punto a favor suyo. Sin embargo, es necesario que no deje que Castillo siga regocijándose con prepotentes convocatorias a debatir, aunque al final él no debate sino engaña, agrede y difama. Una sugerencia que viene circulando por las redes sociales es que, en la cita en Santa Mónica, Fujimori convoque al candidato comunista a debatir en la calle Tarata y frente al penal de la Base Naval del Callao, devolviéndole las convocatorias, tanto de Chota como Santa Mónica. En rigor, la ciudadanía no ha cuantificado la prepotencia del representante del partido que auspicia el movadef abimaelista, emulando los bandos soviéticos que se convirtieron en moneda común para amedrentar a la población rusa a lo largo de sesenta años de dictadura comunista. ¡Esto es lo que está en juego en esta elección, amable lector! No se trata de aplicar una táctica electoral, citando a la candidata anticomunista a espacios hostiles. Hablamos de una condición innata del comunismo. Consiste en coaccionar y agredir a quienes se le opongan, bien sea mental o físicamente. O, en ambos extremos. Es evidente que detrás de esto igualmente asuma un apparatchik mediático, infiltrado por el comunismo sudaca, decidido a mantenerse como parte de la cúpula del poder absolutista. Una prensa canalla que empuja con engañifas a que los peruanos se dirijan al precipicio del totalitarismo. Su estrategia consiste en: 1) manipular electoralmente el repechaje para demostrar el triunfo del candidato comunista; 2) gritar fraude para amedrentar a Juan Pueblo; y 3) incendiar la pradera para imponer por la fuerza al socialismo del tercer milenio. Esto, amable lector, es nada menos lo que está a punto de ocurrir. Y si todos los peruanos amantes de la libertad no interiorizan semejante afrenta, el 6 de junio 2021 habrá acabado indefinidamente la democracia en nuestra patria.

Apenas cinco años atrás, 72% del electorado votó por el centro ideológico. Es probable que las denuncias del equipo de la fiscalía anticorrupción -contra Toledo, Humala, Kuczynski y Vizcarra- hayan desencantado a muchos, crispando ánimos contra los candidatos centroderechistas. Pero, al margen que Keiko Fujimori nunca ha gobernado, ante las actuales circunstancias 32’000,000 de peruanos pondrían los ojos en su gobierno. ¡Por último, éste concluiría en cinco años! Castillo, en cambio, como buen comunista -¿recuerdan a Villarán?- se levantaría la custodia y su régimen nunca tendrá fecha límite para finalizar. Estamos advertidos.

Para más información, adquiere nuestra versión impresa o suscríbete a nuestra versión digital AQUÍ.

Puedes encontrar más contenido como este siguiéndonos en nuestras redes sociales de Facebook, Twitter Instagram.