El nueve de diciembre pasó desapercibido y casi anulado por los temas de coyuntura que son los que concitan más la atención de la ciudadanía y de los medios de comunicación. A nadie importó, salvo uno que otro discurso oficial, que en esa fecha el país suele celebrar y recordar la batalla de Ayacucho que hace 195 años, significó poner fin a la dominación española, no sólo en el país sino en América del Sur. Fue pues uno de los últimos y significativos conflictos bélicos llevado a cabo en la histórica Pampa de la Quinua, en las alturas de Ayacucho.

Fechas como ésta no deberían ser miradas de soslayo en el país, si queremos formar conciencia ciudadana. Conocer la entrega de nuestros héroes que sacrificaron sus propias vidas por legarnos la libertad, es una obligación que debería comprometernos a todos y, de manera especial, a quienes tienen las competencias de formular y promover políticas públicas orientadas al fortalecimiento de nuestra identidad a través de la historia. Aquí el papel de los colegios frente a nuestros alumnos es, sin duda, gravitante. Como lo deben ser los medios de comunicación, que son vehículos de difusión permanente de contenidos.

Fue la batalla de Ayacucho, como se recordará, la que definió la independencia del Perú frente al dominio español. La que marcó con mayor énfasis nuestro proceso emancipador y libertario, bajo nuevas formas de organización del estado peruano, estableciendo una república de complejo desarrollo que aún hoy podría decirse que no encuentra esa sociedad justa y libre como la soñaron quienes lucharon por darnos esa libertad. No olvidemos que ni la proclamación de la independencia en 1821, ni incluso la instalación del primer Congreso Constituyente peruano que presidió Francisco Javier de Luna Pizarro, tiempo después, garantizaban plenamente nuestra soberanía por las presencia aun de tropas realistas al mando del virrey La Serna. Fue en 1824, con la batalla de Ayacucho, que los españoles capitularon definitivamente, marcando la caída final de un virreinato.

Este hecho histórico dio pie, después, a la reorganización del Alto Perú, dando nacimiento a la República Bolívar o Bolivia. Empezaba así una historia hispanoamericana diferente, respetando a sus estados nacientes. Se empezó a darle sentido al concepto de patria como un componente de algo mayor y sinónimo de América, tal como lo señalara el Libertador Simón Bolívar. Y no solo ello: este hecho significó la integración, en la práctica, de diferentes actores sociales, hombres y mujeres, entre indígenas, mulatos, criollos, etcétera. Unidos por ideales comunes y objetivos de libertad.

Nosotros estamos hoy a menos de dos años de conmemorar nuestro Bicentenario como república. Nos preparamos a celebrarlo por todo lo alto. Para ello el gobierno ha diseñado un plan estratégico que comprende diversas actividades protocolares, incluyendo un plan de desarrollo que pretende ser integral con la finalidad de llegar a nuestros 200 años de proclamada la independencia nacional por San Martín en mejores condiciones de desarrollo y modernidad. Dicho Plan del Bicentenario articula acciones convergentes entre el gobierno central con los otros niveles de gobierno regional y local, teniendo como ejes centrales de acción la oportunidad y accesos a los servicios, a la relación Estado y gobernabilidad, economía, competitividad y desarrollo, entre otros.

El Plan Estratégico de Desarrollo Nacional se sustenta, orgánicamente, en el Acuerdo Nacional y en las 31 Políticas de Estado que suscribieron los partidos políticos hace siete años. Este es el reto que tenemos por delante. Conocer y recordar nuestro pasado nos permitirá llegar en mejores condiciones de amor a lo nuestro al Bicentenario del Perú el 2021.

Juez Supremo