La semana pasada Datum publicó el estudio de opinión pública correspondiente a septiembre del presente año. No me llamó la atención la desaprobación del presidente Castillo ni la de su gobierno, ya que existen razones suficientes para dicha calificación; sin embargo, sí me causó preocupación la desaprobación del Congreso.

Los que hemos tenido la oportunidad de pasar por el Parlamento corroboramos que es una de las instituciones públicas donde más se trabaja, pero si eso es así, ¿dónde radican los errores para que siempre tenga una nota desaprobatoria?

Una de las razones son las conductas negativas individuales de los congresistas, que son percibidas como si todos los parlamentarios tuvieran dicho comportamiento, pero también está la conducta institucional donde la población percibe que sus demandas no son satisfechas.

El Congreso debe entender que es necesario usar herramientas de medición de percepciones de los ciudadanos. Hoy, el Congreso camina como “un pollo sin cabeza” ya que su agenda de trabajo se elabora sobre lo que “ellos creen que la población necesita” pero no “sobre lo que la población necesita”.

Durante los años que trabajé en el Parlamento, existieron debates internos sobre la necesidad de que el Congreso contrate los servicios de alguna empresa encuestadora, pero siempre existió el miedo “al que dirán”, ya que temían por el gasto que ello ocasionaría y las críticas de los medios de comunicación.

Sin embargo, el Congreso debe evaluar que hay que gastar eficientemente. El gasto en tiempo y logística usados en proyectos de ley, mociones de orden del día, etc., sobre la base de una agenda política que solo les interesa a los políticos, pero que no necesariamente le interesa al ciudadano, son recursos usados sin un norte adecuado.

Si el Consejo Directivo aprobase la realización de una encuesta debe aplicarse una estrategia: explicar a la opinión pública por qué se va a hacer, lo que va a costar y la metodología del proceso de contratación. Luego, anunciar que el resultado será de conocimiento público juntamente con un plan de trabajo realista. La encuesta debe distribuirse también a los grupos parlamentarios, para que la usen en sus prioridades de representación.

Las herramientas cuantitativas ayudan a tomar mejores decisiones. El supuesto de que el parlamentario recoge las demandas sociales de la población se cumple, pero al no existir una adecuada estrategia de comunicación, regional y nacional, los esfuerzos caen en “saco roto”.

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