Hacen bien Domingo García Belaunde y Lourdes Flores al afirmar que el país requiere que se conozca la “verdad electoral”, es decir la verdad exacta de cómo los peruanos han expresado su voluntad en las urnas. No se intenta forzar ningún resultado concreto, de lo que se trata es que el conteo final esté libre de grandes dudas y desconfianzas, como lamentablemente está al día de hoy, con más de 800 de actas con pedido de nulidad y con denuncias de irregularidades bastante extendidas. El clima está enrarecido y es imposible negarlo. Hoy más que nunca es importante llegar a esa mentada verdad electoral.

Domingo García además ha estructurado un recurso de Hábeas Data para que se conozca el padrón con el que se han manejado las elecciones del 6 de junio. Esto me parece medular. Es el instrumento que permitirá en gran medida despejar las dudas de si ha existido o no una voluntad sistemática de fraguar la voluntad del soberano. De colocar sombras y alterar de manera premeditada la verdad electoral. La lucha por transparentar el padrón es la batalla más importante de esta etapa.

Si, revisado el padrón electoral y revisadas las nulidades de las actas que el nefasto presidente del JNE Jorge Salas Arenas se niega a auscultar, el resultado favorece a Pedro Castillo; entonces tocará aceptar su victoria y preparar la oposición democrática, de cambio responsable para los 5 años que vienen, buscando que su proyecto no continúe más allá del 28 de julio de 2026. Desde esta tribuna del Diario Expreso afirmo que esto le conviene incluso al mismo Castillo, pero principalmente al Perú. El nuevo ocupante de la Casa de Pizarro debe llegar bien. Si lo hace de manera diáfana y correcta, la inmensa mayoría reconoceremos su victoria, no correríamos a tocar la puerta de los cuarteles, como algunos hicieron en 1962. Esto último no es opción para un demócrata y menos para quienes adscribimos las ideas de Haya de la Torre, que sufrió vetos militares y fraudes.

El tema reviste una seriedad vital, si Castillo llega en medio de las más diversas dudas -como pareciera que quiere la izquierda criolla limeña para secuestrarlo- su legitimidad de origen estará seriamente erosionada. Sin legitimidad impulsar grandes reformas va a ser muy complejo. Iniciaría un régimen un tanto herido, que puede entrar rápidamente en proceso de descomposición. Más aún por la segura y poco elegante batalla campal y a machetazos entre Cerrón, dueño de Perú Libre, y la gente de Siomi Lerner y Verónika Mendoza por el control de ministerios, consultorías y de toda clase de prebendas y herramientas para drenar el dinero público. Los ecos vergonzosos de ese enfrentamiento, sea quien sea que gane, durarán un buen tiempo y la agenda social del país seguiría agravándose, quizás solo atendida a medias por demagogos programas sociales de apoyo metálico directo. Ilusión efímera e instrumento típico de los procesos autoritarios bolivarianos.
Sin legitimidad de origen un gobierno de Castillo corre el inmenso riesgo de no llegar a los 5 años.

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