“La verdad se impone sola con el tiempo.
Solo la mentira necesita subvención del gobierno”. Una gran frase dicha en una entrevista por el intelectual español Antonio Escohotado que guarda una relación muy importante con lo que ocurre en el país. Por mucho tiempo pocos se atrevieron a cuestionar desde la prensa o poner la lupa sobre Vizcarra y sus relaciones con la “constructocracia” en general y con Odebrecht en particular. Luego el aluvión de colaboradores eficaces han terminado mostrándonos la verdadera cara del expresidente. Lo mismo sucede ahora con la verdad que se abre paso de a pocos respecto a las irregularidades del estudio que realizó Sinopharm en Perú.
Conforme pasan los días poco a poco la verdad emerge y se abre paso. Todo parece indicar que el Vacunagate todavía encubre muchos responsables. Ya la excanciller Astete ha declarado que el presidente Sagasti conocía y aprobó su vacunación privilegiada. Algo muy grave.
Veamos los hechos. El proceso de vacunación en el Perú se inició con la vacunación irregular de Vizcarra, Málaga, sus familiares y toda una red de amigos y relacionados, sin que el país lo sepa. Como decimos: “vacunación con privilegios”. De esa etapa, aún no conocemos los nombres de una segunda lista de vacunados. Esa lista debe hacerse pública.
Un grupo significativo de los vacunados de manera irregular eran parte del proceso de selección, evaluación y contratación de las vacunas que el Perú necesita con desesperación, y –oh casualidad- en plenas negociaciones el Perú desechó otras vacunas de mayor eficacia y menor costo. Esto huele mal.
Hace unos días los peruanos nos enteramos que Pakistán (4 de febrero 2021) ha anunciado que “ la vacuna Sinopharm de China no es efectiva para las personas mayores de 60 años”, y que en los Emiratos Árabes Unidos (9 de marzo de 2021) no se aplicarán dos dosis sino… tres dosis ante la duda razonable de su efectividad.
Vacunados en secreto encargados por el Estado del proceso de contratación; descarte de otras vacunas más eficaces; documentos e información periodística mundial que pone en cuestión la eficacia de la vacuna contratada por el gobierno: todas son evidencias e indicios que apuntan -de manera razonable- que hay un proceso de corrupción que se inició con Vizcarra y que Sagasti lo seguiría sosteniendo con entusiasmo.
Ello explica la feroz reacción del Poder Conjugado de la Corrupción -a través de la complacencia de muchos medios de comunicación- intentando censurar al periodismo libre y crítico (Beto Ortiz y Willax TV), por publicar y comentar los resultados preliminares de la investigación sobre la vacuna de Sinopharm. Además de corrupción, intento de censura.
Por supuesto que el proceso de vacunación no debe detenerse y el Gobierno debe tomar las medidas más rápidas para que –en el tiempo más breve posible- la mayor cantidad de peruanos sean vacunados. En las actuales circunstancias, todas las vacunas son útiles. Desde esta tribuna alentamos a todos a vacunarse. Si en el proceso, se puede disponer de mejores vacunas, tanto mejor. Expertos en salud pública como Omar Neyra señalan que podríamos ponernos a la cola de muy buenos laboratorios que están a pocas semanas de terminar sus ensayos para así no quedar rezagados en la cola de compras.
La corrupción de Odebrecht y “El club de la corrupción” explican perfectamente el poder y corrupción que tuvo Vizcarra. Sagasti ahora debe aclarar todo el proceso del Estado con Sinopharm. La sociedad merece ser informada. Es probable que Sinopharm termine siendo el Odebrecht del Gobierno Morado.