“Tendríamos que ir a Estados Unidos para engañar a los inversionistas. En eso tú eres muy bueno”. Este pudiera haber sido el consejo de Pedro Francke a su tocayo Castillo, para embarcarlo a la meca político-financiera del mundo. De otra forma no se entiende lo que hemos vivido en sólo una semana. Un presidente cómodamente sentado, con el sombrero luminoso puesto a todas horas, dirigiéndose a los principales banqueros e inversionistas. En castellano impresentable, Castillo decía una mentira tras otra fijando la mirada con tal seriedad que el auditorio debió presumir que había abjurado de todas las amenazas que lanzara durante la campaña electoral; en su primer mensaje al país; en las escasísimas veces que se dignó dirigirse a los ciudadanos; y en esas cataratas de Tweets que le redactan escribidores para marear a la platea.
“No somos comunistas, no hemos venido a expropiar a nadie, tampoco a ahuyentar a las inversiones. Al contrario, llamamos a los grandes inversores y empresarios a que vayan a invertir al Perú. (…) Inviertan con confianza, sin dudas ni temores. El Perú es enorme, tiene climas distintos y productividad (¿?); es necesario entender que un Estado sin inversión privada no saldrá adelante (…)”, espetaba Castillo ante auditorios repletos de representantes de los fondos de inversión, corporaciones trasnacionales, etc. “Castillo cambió”, pregonaban los usuales tontos útiles.
Una semana después nos preguntamos: ¿es tan tonto Castillo como para alucinar que podría burlarse de semejante auditorio, o Castillo es el genio de la engañifa? Veamos. ¡Tan tonto no es! Sino no estaría en el umbral al que llegó. Entonces, amable lector, no queda sino sentenciarle como el mentiroso que pocos peruanos comprobamos que es. No de ahora, sino desde la campaña para la segunda vuelta. Castillo es un embustero profesional. Porque permitió que el pasado domingo, apenas una semana después de su plañidera exposición en los salones de Washington y Nueva York –como antes hizo en México, destino de las exportaciones del gas de Camisea- su premier Bellido afirme esto ante una congregación sindical: “Necesitamos tener (quedarnos con) el gas en el Perú, pues lo tenemos a costo internacional (…) los recursos estratégicos no pueden continuar en manos privadas (…) Camisea tiene que ser para todos los peruanos (…) Convocaremos a la empresa para renegociar el reparto de utilidades. Caso contrario, optaremos por la recuperación o nacionalización de nuestro yacimiento …” Coincidía Bellido con lo dicho al paso por Castillo el 13 de este mes: “Nos compraremos el pleito para recuperar el gas de Camisea para todos los peruanos.” Castillo reaccionaría once horas después del brulote de Bellido lanzando un Tweet: “Toda renegociación se hará con respeto irrestricto al Estado de derecho, velando por los intereses nacionales.” Sí, claro.
Bellido ha dinamitado la palabra del Estado peruano, destruyendo cualquier vestigio de confianza para el inversionista: local y extranjero. Pero Pedro Castillo lo mantendrá en el premierato hasta que cave la fosa adonde quede lapidado el Perú exitoso, vigoroso que tuvimos hasta 2019. Así son los comunistas, amable lector. ¡Vulgares mentirosos!

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