Sixto Sarmiento

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El habla del Conshyamino

En mis años juveniles, en mi comunidad, solíamos decir “pichín” para expresar una negación, rechazo o desaprobación de algo. Apenas llegado a Lima, recuerdo bien que conminado por la maestra del colegio, respondí con un rotundo PICHÍN.

Nadie entendió, todos rieron, yo tampoco entendí lo que sucedía. El concierto de burlas continuó por varias semanas hasta que inferí que me encontraba lejos de mi Lucanas. Estos recuerdos retornaron a mí al leer “El habla del Conshyamino” (Diccionario del castellano de Pallasca) que nos entrega el escritor y poeta Bernardo Rafael Álvarez. Allí se encuentran muchísimas palabras inexistentes para la RAE y, con seguridad, hacen gala de su rareza en nuestro “lenguaje” citadino.

Aquí algunas expresiones sugestivas que nos ilustran: amashango (tarántula), carvish (raído), cochañudo (doble nudo), shumbol (débil), zámpara (fantasma), etc. Más allá de las palabras, el valioso aporte del buen poeta Álvarez es la riqueza y belleza del habla y, sobre todo, la contribución a la afirmación de la identidad de Pallasca, la sierra de La Libertad, Cajamarca y parte del Amazonas. Este valioso diccionario nos permite disfrutar de la riqueza del habla de los pueblos vinculados por la lengua de origen culli.

Si bien es cierto que “un diccionario es un universo en orden alfabético” como lo dijera el premio Nobel de Literatura Anatole France, este diccionario regional muestra las señales de identidad y los medios de unión entre pueblos y comunidades. Al respecto, el lingüista argentino Santiago Kalinowski afirma que “existe una idea de que estas palabras regionales son incorrectas, no sirven. Pero un diccionario tiene la capacidad y el potencial de comunicar la idea contraria: todo idioma tiene palabras que comparte, pero que después está el uso regional.

Ese potencial es muy importante”, por ello debemos tener especial interés por el habla de las distintas regiones del país. Ahí radica su importancia y trascendencia, el de la sana convivencia por vía de la palabra. El habla regional dejó de ser minoritario o de uso exclusivo de quienes habitan las regiones. Esta se ha reafirmado por su expansión en las diferentes manifestaciones culturales enriqueciendo el acervo regional y nacional. Por ello cuidarlo, promoverlo y practicarlo es de nuestra entera responsabilidad.





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