Al tocar tierra peruana la ansiada vacuna contra la covid-19 trajo consigo un halo de tranquilidad y de esperanza para una golpeada población que enfrenta como nunca en nuestra historia republicana los efectos de una pandemia a consecuencia de la presencia de un virus cada vez más letal y mutante en esta segunda ola de mayor peligrosidad por su rápido contagio y efectividad. Si embargo, fue inevitable ver el malestar inicial de algunos sectores de profesionales de la salud que reclamaron, a viva voz, ser incluidos en la lista de quienes iban a ser vacunados en primer orden, al no haber sido tomados en cuenta por los responsables de su programación.

Hace seis días llegó el primer lote de 300 mil dosis del laboratorio Sinopharm de un total de millón y medio anunciado por el gobierno. El segundo lote de 700 mil dosis llegará hoy sábado, según informó el presidente Francisco Sagasti. La llegada de ese primer lote se dio en medio de estrictas medidas de seguridad y con un despliegue impresionante que fue celebrado por uno y censurado por otros, por considerarlo excesivo e innecesario. Casi inmediatamente la presidencia del Consejo de Ministros (PCM) informó del cronograma establecido para el envío de más vacunas, luego que concluyera los acuerdos con los laboratorios a cargo de la producción de estas vacunas.

A través de su red social la PCM informó al país las fechas estimadas de nuevas remesas. Se supo que la empresa Pfeizer enviará al país 250 mil dosis en el mes de marzo y 300 mil al mes siguiente. Ello formaría parte de un contrato firmado por 20 millones de vacunas. Asimismo el gobierno habría llegado a un acuerdo con el laboratorio AstraZenaca por 14 millones de vacunas, pero sin fecha de entrega aun. Todo ello nos permite ver el horizonte con cierto optimismo, y no con la incertidumbre de qué hacer al que nos habíamos acostumbrado durante el gobierno del señor Vizcarra.

Las vacunas fueron trasladadas a las regiones con el apoyo de nuestras Fuerzas Armadas. La ministra de Defensa, Nuria Esparch, fue quien dijo que se había programado 11 itinerarios de vuelo para cumplir este cometido. Muchas regiones, sobre todo en el norte del país, han sido consideradas como de mucho mayor riesgo al igual que Lima y Callao, por la gravedad de los contagios. Y fue un avión de la Fuerza Aérea del Perú el que trasladó el primer cargamento de vacunas a los lugares clasificados como de mayor riesgo extremo. Este primer vuelo tuvo como destino la ciudad de Huánuco.

Esta segunda ola nos está golpeando con mayor fuerza al punto que la gráfica de la estadística con muertes y pedidos de camas UCI van en aumento todos los días. En esta oportunidad las consecuencias de la pandemia está llegando a más peruanos y para nada es extraño encontrar amigos o familiares cercanos afectados por el mal, pese a los protocolos observados. Es difícil saber en qué circunstancia puede uno contagiarse. En este contexto, la vacuna contra la covid-19 se presenta como una tabla de salvación. Es una de las decisiones políticas que el pueblo demandó al gobernante y estuvo pendiente de ella. Y es, precisamente, por falta de dicha decisión que el año pasado el país no se benefició a tiempo con la vacuna, como sí lo hicieron otros países vecinos, como Chile, por ejemplo, que a la fecha ce acerca al millón y medio de personas vacunadas contra el virus.

En medio de esta situación surgió la revelación periodística de que el ex presidente Vizcarra había recibido en octubre del año pasado una vacuna que el jueves se vio obligado a admitir, pero indicando que se había tratado de un procedimiento experimental. El desconcierto popular creció casi al instante al punto que en el Congreso de la República se aprobó, por amplia mayoría, citar a la ministra de Salud, Pilar Mazzetti y a otros ministros al Pleno del congreso, para que informen sobre este caso específico y, en general, cómo se esta atacando la pandemia. Al dolor que deja el virus se sumó la indignación de las personas frente a un hecho que el ex mandatario lo había mantenido en silencio.

Juez Supremo