Vizcarra es un sicópata. Durante un acto proselitista como postulante a parlamentario manifestó con cinismo y desparpajo: “justo el día en que iba a firmar la compra de las vacunas me botó el Congreso”. Analicemos esta tragicomedia que tiene cola. El 11 de setiembre 2020 Vizcarra envió el oficio 178-2020-PR al entonces presidente del Congreso, Manuel Merino, comunicándole haber firmado el Decreto de Urgencia DU 110-2020, “que garantiza la adquisición, conservación y distribución de las vacunas”. Recién 71 días después, este felón sería constitucional, legítima, felizmente vacado. ¿Qué ocurrió entonces durante esos dos meses y once días, que Vizcarra NO adquirió las vacunas? El excongresista Daniel Abugattás tiene una teoría. Vizcarra y Mazzetti firmaron un contrato para adquirir 13’800,000 dosis de vacuna Covid y, en calidad de adelanto, habrían pagado S/ 75’000,000. Y se pregunta: “¿Por qué Vizcarra lo oculta ahora? ¿Se le cayó el contrato? ¿Se robaron la plata?” ¿O es que acaso Vizcarra NO firmó los contratos finales con Pfizer pues contenían cláusulas de salvaguarda que él decidió no aceptar? Sea lo que fuere este sinvergüenza que tuvimos por presidente no tiene derecho a seguir engañando al país, culpando esta vez al Legislativo “porque me botó”.

¡Vizcarra tuvo dos meses y once días para ejecutar el contrato amparado por el referido decreto! Sin embargo evidentemente no hizo nada, pese a tratarse de una materia de extrema urgencia porque de ella dependen la vida de centenares de miles de ciudadanos. ¡Esta gravísima omisión debería investigarla la fiscal de la Nación! No obstante, por ser amiga de Vizcarra -un inescrupuloso, mitómano, indigno manipulador de pruebas para la Justicia, a la par que investigado por corrupción- la señora Zoraida Ávalos decidió salvar al camarada expresidente, no investigándolo nada menos que por delito de lesa humanidad. Más temprano que tarde, la fiscal Ávalos enfrentará a la Justicia por la temeridad que perpetró –una más dentro de un rosario de omisiones de función que lleva consigo- tratando con mano complaciente a los amigotes oficialistas, mientras con la otra coacciona con sevicia a quienes no comulguen con este régimen autocrático, pleno de maquiavelismo, que arrancara con Kuczynski -entregándose a la progresía-, lo continuara el imputado por corrupción Vizcarra, y ahora nos gobierna un amateur con ínfulas pedantes; aunque con verbo y atuendo de trovador.

Perú vive tiempos difíciles. Nuestra sociedad sigue esperando que la Justicia sentencie a Odebrecht, a sus socios, y a quienes recibieron dinero de esa camorra constructora. ¡Nos robaron decenas de miles de millones de dólares! Pero la fiscalía sólo persigue a un partido político que no encaja con la vía progresista impuesta por una mafia de oenegés! Lo peor que puede sucederle a una sociedad es que alguien fomente una bipolarización mefistofélica entre ladrones y celadores; entre buenistas (pepekausas, vizcarristas, sagastistas, moraditos) y aquellos apestados conocidos como apristas y/o fujimoristas. Dependiendo de la presión que continúen imprimiéndole los rojos, esta confrontación podría conducir al Perú a extremos que abarcarían desde el rebrote del terrorismo hasta una guerra civil de consecuencias imprevisibles. Estamos notificados.