En los primeros ciclos de la universidad, cuando en cualquier curso tocaba hacer un trabajo en grupo, era muy fácil saber con quién juntarse para hacerlo. Los amigos de siempre, con los mismos con los que compartías casi todos los fines de semana, si coincidían en clases, sin pensarlo, formabas grupo. Pero, ¿cómo ese criterio fue cambiando conforme la dificultad de los cursos aumentaba? Creo que esta realidad no es ajena a nadie, siempre tendremos amigos de aula con quienes compartimos mucho tiempo pero nos queda la sensación si para la parte seria de la vida universitaria igual quisiéramos que sean parte de nuestros resultados. Esos momentos, eso grupos que formamos, esa etapa de selección, son los primeros pasos que damos en nuestro aprendizaje de formar sociedades empresariales. Lo que sucede en esta etapa es que no siempre afrontamos el aprendizaje de manera constructiva, estoy seguro que hemos sentido en más de una ocasión o que alguien de nuestro grupo no “cumplió con su parte” o inclusive que nosotros mismos no cumplíamos con la nuestra; dado que la consecuencia más grave podía ser una mala nota, no había posibilidad de que nuestra amistad se viera afectada…¿pero qué pasaría si un mal trabajo dejaba sin ingresos a nuestra familia? Tal vez miraríamos mejor el proceso de armar una sociedad.

Cada vez es más común, ya sea por necesidad u oportunidad, ver cómo amigos se juntan para empujar un proyecto juntos. En la gran mayoría de ocasiones, esto queda como una aventura que pudo haber sido buena pero no progreso por equis motivo, pero también existen 2 escenarios un poco más complejos, el fracaso y “semiéxito” culposo. Lo primero que debemos saber es que un buen amigo no necesariamente será un buen socio; debemos tener claro qué buscamos en una sociedad antes de pretender establecerla. Debemos asegurarnos que la misma aspiración de éxito es compartida por nuestro prospecto de socio, esta diferencia suele ser uno de los principales motivos de rompimiento de una sociedad. El escenario de fracaso no se da sólo al quebrar, es esa sensación de no avanzar o de que las cosas se pudieron hacer mejor si fuese otro mi socio… ¿les suena familiar?… Y el “semiéxito” culposo no es más que el lograr los objetivos del negocio pero sentir que tu socio no lo logró contigo, que fue “sólo por ti” que esto se dio. En ambos casos podemos estar cambiando a un buen amigo por un mal socio… Escojamos bien, las consecuencias pueden ser amistades destrozadas. Buena semana para todos.