Quizás el rasgo más claro que identifica a todo régimen dictatorial es que siempre hostiga, acosa, encarcela o persigue a la prensa incómoda. Aquella que investiga, que denuncia los abusos o posibles atropellos del poder. No hay nada más nocivo para una sociedad democrática que un canal, radio o diario entregado por completo a los dictámenes de los poderosos. Aquí lo vivimos en los 90, muchos pensaron que era un episodio irrepetible, sin embargo hoy estamos en un escenario que prefigura incluso algo peor.
Algo que prueba que vivimos tiempos oscuros es que se ha abierto una absurda investigación por “sedición” (o sea levantamiento en armas) a los periodistas Phillip Butters y Beto Ortiz, una aberración jurídica sin nombre y cuyo único objetivo es infundir el miedo a quienes mantengan una línea crítica al señor Castillo. A esto se suma una carta suscrita por quien se pondrá la banda presidencial en 2 días. Una carta en modo de queja además dirigida al MTC en contra del canal de televisión Willax TV – de donde son además ambos periodistas referidos- , es decir que quien la resuelva será el ministro de Transportes y Comunicaciones que Castillo designe. Juez y parte. Un acto innecesario y burdo, intolerante y matonesco. Desde esta tribuna de Diario Expreso manifiesto mi plena solidaridad con el canal Willax TV y con Ortiz y Butters frente a este andamiaje inaceptable. La libertad de expresión es consustancial a la democracia, quien intente afectarla en cualquier grado no es demócrata.
Recordemos que acciones de esta naturaleza forman parte del libreto recurrente de los procesos del “Socialismo del Siglo XXI”. Lo vemos en el asalto de los canales o las trabas para la adquisición de papel a los diarios por parte del chavismo venezolano. También en el hostigamiento judicial que realizó Rafael Correa en Ecuador. En el hecho de que Cuba cuente sólo con “El Gramma” o “Juventud Rebelde” como única oferta informativa impresa. O lo vemos en Nicaragua cuando se comprueba que se compran medios de comunicación a través del hijo del dictador Ortega.
Este tema no debe ser pasado por alto por los líderes o aspirantes a líderes demócratas, quienes deben expresarse y por la prensa en general, la nacional y la regional. Pueden empezar por Willax de Erasmo Wong, pero luego, si se les deja, escalar a un control total con base en el miedo y las represiones judiciales y quizás más adelante físicas.
No quiero dejar de precisar en esta columna semanal el vergonzoso espectáculo que estamos presenciando los demócratas en la orilla oficialista, al contemplar cómo la izquierda elitista limeña está siendo relegada en la administración de cuotas de poder en el gobierno de Castillo. Algunos incluso están emigrando, con la excusa de cursos o maestrías para poner distancia sobre un proceso que apoyaron irresponsablemente. Escapes para lavarse las manos de lo que ocurra.
Me parece sumamente condenable que Verónika Mendoza intente a través de tuits poner condiciones a Castillo. Sin votos trata de proteger los intereses de quienes en los últimos años han generado prácticamente un Estado paralelo a través de consultorías, una tecnocracia poco eficiente pero con ingresos bastante jugosos. La posible ruptura completa de Castillo y de esta gente sería muy positiva para la causa de las libertades; sin ellos ya no habría una supuesta garantía democrática, que en realidad es un chantaje para únicamente velar por sus prebendas. Sin ellos no hay engaño pseudo democrático. Estaremos frente a una batalla seguramente muy dura, pero con las cartas sobre la mesa.

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