No acepto que el país llegue al Bicentenario teñido de fraude y de mentira. Estamos de luto, apenados y con la bandera a media asta, pero con la misma energía e ímpetu que nos hace salir a las calles desde el 7 de junio para defender nuestros derechos. Las más de 400 carpas frente al Palacio de Justicia donde pernoctan muchísimos valerosos peruanos son una pequeña muestra de que no cederemos ni un milímetro. Solo firmes y unidos podremos impedir que el Comunismo nos atropelle. Grave error la candidatura del Almirante Montoya, generó una pequeña fisura en las fuerzas democráticas que esperemos no vuelva a repetirse. Hay que dejar los egos en reposo y tomar decisiones con una visión más estratégica, aunque ello implique retroceder o acomodarse: la terquedad es mala consejera.
No hay agonía más grande que la incertidumbre. Castillo es incapaz de dar un mensaje claro sobre sus reales vínculos y deuda política con Cerrón o Morales, con quien tiene mucha cercanía. Tampoco, de cómo resolverá el gravísimo problema de salud no solo afectado por la escasez y la mala gestión sino por la corrupción: la banda de “Los Ángeles Negros” que traficaban con camas UCI y la vida en el Hospital Almenara son un pequeño ejemplo. El futuro ministro Cevallos sostiene que necesita las opiniones de Cerrón, a pesar de que éste tuvo una pésima gestión en Junín dejando altas tasas de anemia y una infraestructura hospitalaria costosa y deficiente. Tampoco nos ha dicho cómo va a resucitar la economía, hay 368 mil empresas en Reactiva que aplazarían sus pagos y miles de peruanos buscando refugio para sus ahorros, retirando sus propiedades del mercado ante el temor de una Ley de Inquilinato que proteja a los “okupas” o, simplemente, haciendo largas colas en embajadas para irse del país. Castillo recibe un país empobrecido, dividido y en tinieblas: ni siquiera tenemos claridad de las dimensiones del enemigo que enfrentamos. No nos engañemos, el nuevo gabinete dará un derrotero, pero la realidad se ve en la cancha.
Los optimistas piensan que se moderará, sin embargo, después de escuchar los discursos incendiarios de Cerrón con lenguaje “revolucionario” de dirigente universitario, la misma terminología y arengas de un manual Marxista, con la diferencia que hoy tiene un inmenso y omnipresente poder, nos quedan serias dudas. Es un perfecto manipulador. Llega en automóviles de lujo para luego disfrazarse de humilde y generar empatía con sus camaradas. Muchos creyeron que con la caída del Muro de Berlín se había derrotado el Comunismo y que los valores occidentales de libertad y democracia habían triunfado sobre los ideales marxistas-leninistas, pero desafortunadamente la realidad era más compleja. El Comunismo ya ha aprendido que la verdadera batalla no se libra con tanques y armas sino con adoctrinamiento y la toma del poder político, a través de las urnas. Y en el Perú, se lo sirvieron en bandeja de plata.
Que nos quede claro; obtener firmas para que no se modifique la Constitución a través de una Asamblea Constituyente o conducir la Mesa Directiva del Congreso son herramientas sólidas y legítimas, pero no nos confiemos ni un instante. Vizcarra, sin bancada, únicamente con medios serviles y ministros complacientes, cerró el Congreso, se apoderó de las instituciones y desestabilizó la democracia.

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