Luego de observar con molestia el grosero show mediático organizado desde el Gobierno para concentrar la atención de la población en la llegada de un primer lote, pequeño por cierto, de vacunas contra el covid-19, campaña mediática que se está prologando más de la cuenta, pero que ha servido eficazmente para que nadie discuta sobre la falta de camas de tratamiento normal en los hospitales ni de la carencia casi absoluta de camas para cuidados intensivos y menos sobre el número de fallecidos cuyo incremento dolorosamente observamos en el día a día, porque faltan medicamentos, oxígeno y más personal de salud, cuya situación está resultando peor que cuando llegó el primer caso hace un año aproximadamente.

Se ha exacerbado la esperanza de la población en la vacuna, pero cuando alguien desea inocularse una dosis, no va a encontrar ninguna en el mercado, pues la llegada de otros cargamentos será tan paulatinamente lenta que, si no superamos la ola de contagios que nos sacude hoy a nivel nacional, la situación adquirirá dimensiones trágicas en el número de contagiados y de fallecidos.

No puede ser que en Chile, donde sus autoridades, al parecer, tienen mayor visión de futuro y análisis de costo beneficio mucho más pragmático, se están dando el lujo de promover, implícitamente, un turismo pro vacuna, al prometer aplicarla a cualquier persona que se halle en ese país, residente o de tránsito, al parecer con un costo muy bajo, porque actuaron con oportunidad para conseguir millones de dosis cuyo costo no fue un gasto sino una inversión inteligente: los que irán por la vacuna gastarán allá mucho más que el valor de la vacuna y eso forma parte de un plan de reactivación económica, dinamizada por la población chilena que masivamente ya va recibiendo la vacuna en las dosis correspondientes y que, por lo tanto, puede salir de un aislamiento y laborar normalmente tomando un mínimo de precauciones.

Hablando de economía, reiteramos que mientras no tengamos un programa de masiva inmunización en el corto plazo, no será posible armonizar en el mercado la oferta y la demanda por el peligro de un desborde generalizado de contagios.

Nadie nos habla de la educación, menos sobre inversión pública y privada, no hay planes concretos sobre seguridad y andamos de tumbo en tumbo con una población empobrecida que, reiteramos, no tolerará más encierros.