Salvo mejor evidencia es la sensación o percepción –palabreja de moda- que nos deja el Gabinete Vásquez. Habría que ser un insensato para negar que el nuevo Consejo de Ministros significa una relativa mejora comparado con el que presidió el impresentable de Puka Bellido del que desafortunadamente no nos libraremos ya que vuelve a su curul parlamentaria para intentar seguir haciendo de las suyas y las que pretenda el camarada Cerrón con su retrógrado y fracasado socialismo marxista-leninista.

Sin embargo, esta renovación ministerial deja serias dudas no sólo por algunos cuestionables flamantes miembros sino porque la movida y mensajes del Presidente de la República, siendo conscientes que encabeza un gobierno izquierdista, no garantiza que el país marchará bajo un régimen de izquierda social democrática y progresista al estilo del envidiable Uruguay.

Hagamos una breve revista. La nueva premier, conocida antiminera, si bien demostró al frente del Congreso pasado una conducta tolerante y mejores maneras, sus gestos no tranquilizan máxime cuando afirma que el inconstitucional referéndum para la asamblea constituyente que impulsa el oficialismo no es prioridad “por ahora”(¿??).

El titular del sector Interior, ex policía pasado al retiro debido a un rosario de graves indisciplinas; abogado defensor del condenado y prontuariado Cerrón y contrario a la indispensable política nacional de erradicación de los cocales del Vraem cuya producción se destina al narcotráfico pinta tan nefasto como el defenestrado Maraví.

El nuevo en Educación, no tiene otro mérito que el haber sido dirigente fundador del Fenatep y desde el despacho ministerial servir a esos intereses “magisteriales” con vínculos senderistas de los que hasta hoy no deslinda claramente el propio jefe de Estado. Y podríamos continuar con la de Cultura y las sospechas que pesan sobre ella pero se acaban los renglones.

Es verdad, no obstante, que los cambios en el Consejo han calmado algo las aguas y de paso al dólar. Menos mal. Pero el puente hacia la confianza y la búsqueda del consenso ciudadano que aspira tender el mandatario y su primera ministra se queda todavía a mitad de camino y eso siendo optimistas. Sobran palabras y faltan más actos y hechos. ¡AMÉN!

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