Frente a un gobierno que empieza a comportarse como una dictadura sin escrúpulos, la lucha opositora tiene que pasar a niveles más duros de lucha.

Pedro Castillo está alentando la barbarie. Es él quien ha permitido el golpe brutal a la minería, un sector noble pero que ya ha anunciado la retracción de sus inversiones de manera sustantiva después de la amenaza de cierre arbitrario de operaciones, que ha costado más de 500 millones de dólares en una semana.

Castillo también está permitiendo la escandalosa corrupción de sus funcionarios como en el caso de Bruno Pacheco, su secretario personal, a quien, después de demostrársele tráfico de influencias y tenencia de dinero escondido en un baño palaciego, se le vuelve a dar una audiencia de más de tres horas. Es decir la complicidad total.

Contraviniendo las normas de transparencia Castillo despacha entre gallos y medianoche en su casa de Breña con personajes cuestionables.

Incapaz de hilvanar propuestas coherentes para el interés nacional, Castillo además amenaza a la oposición, no rinde cuentas de sus acuerdos secretos con Maduro de Venezuela, con Evo Morales de Bolivia, con los dirigentes del senderista Movadef, del maoísta Fudep y con oficiales policiales y militares que tienen como denominador común ser chotanos, es decir paisanos sin ningún mérito especial.

Así, si alguna vez se ha dicho que un gobernante ha manejado al Perú como su chacra, hoy el adagio se cumple con pana en medio del silencio de una prensa que, al volver a recibir dinero de subsidio estatal por vía publicitaria, nuevamente está callando las tropelías del régimen.

Entre tanto, la osadía y agresividad de Castillo no queda en proteger a sus ministros Francke y Torres, quienes deberían haber sido expulsados porque contravienen las leyes de contratación de sus familiares con el Estado, sino que se hace gala de una nueva alianza siniestra con APP, el partido de César Acuña, en términos que no se le han explicado al pueblo. Por lo demás en el Vraem se está reconstruyendo el senderismo militarizado, mientras tanto, las bandas del narcotráfico arrecian.

Frente a esto está demostrado que ni siquiera una mega marcha de la oposición conmueve al régimen comunista. De modo que solo queda trabajar más en la unidad opositora y adoptar las medidas de lucha radicales junto con los empresarios para intentar lo único que ahora puede funcionar: paralizar al país hasta que cambie el gobierno.

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