Sombría realidad

Sombría realidad

La división de los grupos democráticos en el Congreso es una muy mala señal. Al momento de escribir estas líneas no se conoce el resultado de las negociaciones, si finalmente pudieron llegar a algún acuerdo para presentar una lista conjunta.

Pero el hecho es que el fin de semana presentaron públicamente dos listas para ocupar la Mesa Directiva del Congreso.

Es deplorable que en medio de la peor crisis de la historia reciente, la oposición no sea capaz de algo tan elemental como ponerse de acuerdo en una lista conjunta para evitar que el Congreso caiga en manos de la banda delincuencial que controla el Gobierno. Pero esa es la realidad.

Parte de la explicación reside en que dos de esos grupos se han constituido apresuradamente, hace poco. Renovación Popular y Avanza País son, en ese sentido, similares a la mayoría de los “partidos” que existen en el Perú. Sus parlamentarios no tienen una experiencia política común y, salvo en algunos temas, tampoco principios políticos ni ideológicos que los unan. En el caso de Avanza País no existe tampoco ningún liderazgo. Y RP, si bien tiene un dirigente reconocido, se trata de un empresario que hace muy poco ingresó a la política con las limitaciones que eso implica.

De más está decir que tanto en estos grupos, como en Fuerza Popular –que es lo que más se parece a un partido político real-, casi todos sus integrantes carecen de experiencia parlamentaria, debido a la bárbara norma que impuso la coalición vizcarrista de no reelección congresal.

Lo más importante, sin embargo, es el hecho de que el Congreso está plagado de sinvergüenzas, lo que implica que para obtener los votos necesarios para ganar la directiva –o para cualquier otra cosa-, hay que ponerse de acuerdo con algunos de ellos. Como señalé hace poco:

“Con estas tres camarillas –Acción Popular, Podemos, APP- tienen necesariamente que negociar los grupos democráticos de oposición en el Parlamento para constituir una nueva mesa directiva. Y, obviamente, tienen que compartirla con ellos. Como es evidente, de esa transacción no saldrá una directiva fuerte y limpia, que practique una oposición firme y lúcida al Gobierno”.

“Naturalmente, los grupos democráticos tienen que hacer lo que esté a su alcance para impedir que la directiva del Congreso caiga en manos de los seguidores de Pedro Castillo, que también buscarán un pacto con los otros malandrines para apoderarse de esa institución”.

“El resultado de ese compromiso de las bancadas democráticas será probablemente una directiva similar a la actual, quizá algo mejor, tal vez algo peor. Pero no habrá un cambio sustancial.” (“Negociar con rufianes”, Lampadia, 30/6/22).

Esa es la sombría realidad. Por eso -no me canso de repetir-, la actual crisis no puede ser resuelta en el marco institucional de esta democracia fallida. Se requieren soluciones radicales, que quizá no lleguen. En cuyo caso, el Perú caerá en un abismo insondable.