Los comunistas de todo pelaje, dando la cara o escondiéndose, reconociendo su pensamiento u ocultándolo, expresaron en campaña electoral que deberían renegociarse diversos tratados internacionales. Sin objetar su derecho a intentarlo, deberíamos recordarles que, en el Perú, gracias a nuestra Constitución, los tratados internacionales son respetables, sacrosantos y de obligatorio cumplimiento.
Tenemos tratados internacionales de todas las materias, sean ellos de Derechos Humanos, de economía, de finanzas y pertenencias a banca multilateral, de seguridad y protección. También de combate al delito, la corrupción, la trata de personas y el narcotráfico, facilidades de transporte, beneficios aduaneros y comercio internacional, entre muchos otros.
En la última campaña electoral, la agrupación política del candidato proclamado como presidente, propugnó la tesis de renegociar algunos tratados, apartarnos de otros y revisar todos aquellos que tuvieren contenido económico o financiero. Craso error, nuestro país comenzó a crecer debido a reglas constitucionales claras y garantistas de la inversión, así como de los tratados internacionales que abrieron fronteras insospechadas para incrementar nuestro comercio internacional, no solo de intercambio compensado sino de clara balanza positiva. Como resultado altamente beneficioso, tenemos la minería, la comercialización de minerales con valor agregado, la agroindustria, la pesca, las artesanías y las confecciones, entre varios otros rubros, además con expectativas ciertas respecto al litio y al uranio.
Los tratados de libre comercio han tenido como virtud la ampliación de nuestra cobertura exportadora, por ejemplo, los Estados Unidos de América nos compra más. Al igual que otros países con los que somos socios comerciales han permitido que se amplíen nuestros centros fabriles con más inversión, lo que ha traído consigo mayor ingreso de moneda extranjera, el incremento de puestos de trabajo, mejor y mayor recaudación tributaria y más bienestar.
Los tratados constitutivos de entidades financieras internacionales, de los que el Perú es signatario, nos ha permitido acceder recursos monetarios complementarios a nuestras reservas para contingencias, a fin de ayudar a personas naturales, familias y empresas, a sobrellevar la crisis económica ocasionada por la pandemia que seguimos soportando.
Con las mejores economías de la región y del globo terráqueo, hemos logrado asociarnos para complementarnos económicamente y con ello beneficiar a nuestra población. En América nos hemos asociado con Chile, Colombia y México en la Alianza del Pacífico. Formamos parte de APEC, con países de la cuenca del Pacífico que alberga a economías muy sanas, respetables y en crecimiento, sobre todo del Sudeste Asiático que nos abre novísimas posibilidades, de las cuales ya obtenemos beneficios sustanciosos.
Nuestro Congreso aprobó los tratados de la Asociación Transpacífico, con otras nuevas posibilidades de comercio exterior con países que estaban fuera de nuestra óptica y que constituirán auspiciosos retos para las actividades peruanas de transformación.
Como acreditamos, no hay que mirar los tratados internacionales de comercio y temas económicos como nocivos. Son absolutamente convenientes y aumentan nuestras capacidades. Tiempo atrás, cuando Chile se retiró de la hoy Comunidad Andina, lo hizo porque quería asociarse al mundo exitoso y no restringirse a economías aún no significativas. El Perú, sin dejar de ser solidario con su Región Andina, se abre al mundo y ello debe continuar, pero generando confianza, ya que sin ella no hay inversión para el comercio internacional.

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