Empecemos reafirmando una verdad que el mitómano Vizcarra perseveró en negarla, siguiendo su táctica esquizofrénica. La Universidad Cayetano Heredia informa que el psicópata “Martín Vizcarra y su esposa Mabel Díaz Cabello NO forman parte del grupo de 12,000 voluntarios sujetos de investigación” para la vacuna china Sinopharm. Este envilecido sujeto, que vergonzosamente gobernara el país, tuvo el cuajo de manifestar pública, airadamente, que él y su mujer se “arriesgaron” por el Perú, formando parte del grupo de voluntarios oficiales que fueron inoculados con dicha vacuna. Hasta tuvo la osadía de exhibir –de lejos, como buen cobarde- un papelito que dijo confirmaba su participación en esta selecta elite. No obstante, el sábado la Universidad Cayetano Heredia -que tuvo a su cargo ese proceso- desmintió categóricamente a Vizcarra. Con toda seguridad mañana saldrá con otra falacia. Porque su mente enferma lo obliga a tapar sus embustes con otros; una, otra y otra vez. El Goebbels moqueguano. Porque, como canalla que es, en forma absolutamente miserable exigió que se le vacunase –lo informó ayer EXPRESO- con viales destinados a los auténticos voluntarios y a los médicos que estaban inscritos en el programa, pues “Sinopharm había separado una cuota de vacunas –efectivamente vacunas, no placebos- para el personal médico.”

Según el libro “El perfil del Lagarto”, escrito por el periodista Carlos Paredes, desde su ingreso al Estado –a la temprana edad de 26 años- Vizcarra fue tramposo. Asumió el cargo de director ejecutivo del proyecto Pasto Grande, obra presupuestada en US$17 millones que acabó costando US$64 millones. Dos comisiones parlamentarias llegaron a la misma conclusión; la segunda inclusive determinó responsabilidad administrativa, civil y penal contra Vizcarra. Aunque este -comenta Paredes- “siempre ha corrido con suerte” pues dicho delito prescribió antes que el Congreso presentase la denuncia. De ahí Vizcarra salta al gobierno regional, luego a la vicepresidencia del país y finalmente a la jefatura del Estado. Este lagarto en todo momento exhibe la personalidad del dictador, que necesita acrecentar su imagen y poder inventando a un enemigo público contra el cual luchar “en nombre del pueblo”. Este, según el lagarto, es el Parlamento. ¡Vaya que le ha ido bien anteponiéndolo como enemigo del Perú! Pero, amables lectores, es momento que despierten del letargo en el que están sumidos por culpa de este miserable. Así empezaron todos los gobernantes totalitarios del planeta. Lenin, Stalin, Mussolini o Hitler crearon la imagen virtual de un enemigo del pueblo, contra el cual ellos luchaban en defensa de la sociedad. Una falacia que diese esos mortíferos resultados que registra la historia.

Como escribimos ayer, a través de su lámpara mágica –la Junta Nacional de Justicia- Vizcarra controla al poder Judicial, Ministerio Público y Jurado Nacional de Elecciones; mediante la Diviac, maneja a la Policía; y por medio de la prensa corrompida –a la que ahora chantajea con información privilegiada que consiguió-, domina al Ejecutivo y el Congreso. Vizcarra es entonces un dictadorzuelo hecho y derecho. Que no llame la atención entonces que, con tal poder bajo su mando, salga airoso de cualquier crimen.