Los tiempos modernos son los de la intolerancia. No se puede pensar diferente, tienes que dar gusto a todos, debes luchar por no ser excluido. Ocurre siempre, pienses lo que pienses. En una cultura del temor, opuesto a la cultura de la libertad, decir es condenarte a desdecirte. Como leía en un libro de marketing, “solo un gorila de quinientos kilos puede decir lo que le dé la gana”.

La libertad es la esencia que nos hace dignos, no hay respeto a la Constitución, presupuesto de nuestra dignidad, cuando opinar es un pecado o acaso un crimen. Llegaron estas ideas tras leer una frase de Alfredo Alfaro, creador del contenido “¡Y Top Voice de LATAM!: “Si no lo expresas, muere en ti”. Javier Calzolari, en una red social lo recoge, pero precisa las razones sobre ese miedo a decir las cosas como son. Lo cito: “miedo al rechazo, miedo a pasar vergüenza, miedo a que no nos consideren expertos, miedo a que nos demos cuenta que no lo sabemos todo, miedo a que suceda algo negativo… aunque luego no pase nada malo…”.

Sí, que no muera en ti, aunque te equivoques, aunque seas más libre de lo que debes y temas, aunque exageres, aunque no seas la piedra filosofal. Cada idea es válida porque de las que crees más ingenuas es que nacen las grandes preguntas. No siempre aportamos respuestas, en ocasiones aportamos lo más importante.

La libertad de expresión es (con la vida) el tercer derecho más sagrado porque transmite lo que somos, nuestra autenticidad, esto es, la honestidad de ser como se es o de decir lo que se cree sin rendir cuenta más que a la propia conciencia. ¿Tercer derecho más sagrado? ¿Y el segundo? La libertad de pensar, que es lo único que nadie puede arrancar, salvo a fuerza de argumentación. La vida es frágil y se puede descomponer a látigos o en un paredón, pero el pensamiento no puede ser torturado ni aniquilado, salvo al precio… de la vida.

Estas reflexiones sirven a propósito de esa frase que bien vale para los que suelen callar o esconderse o tapar esa idea brillante que a su propio criterio no lo es. Error. ¡Dilo! Que la razón no se nuble por el temor, que el genio de una propuesta no se queme en la vaguedad de un decir entre dientes. Recuerda, si no lo expresas, muere en ti.