En el sur de Ayacucho, en Lucanas, Puquio, San Juan, Útec, Ccochapata y en las cabezadas de Lucanas, las familias, en particular los niños esperan con ansias la llegada de las cuadrillas de Los Negritos, quienes ingresan bordeando las pintorescas esquinas de sus pequeñas plazas donde la magia, de su canto y danza, hace retumbar sus corazones con alegría y esperanza.

Nos contaron, cuando éramos niños, que los acrobáticos bailarines y alegres cantores venían de las áridas costas del Perú: de Nasca, Chincha, Palpa e Ica. Acudían con premura al enterarse que la estrella del sur había anunciado la llegada del Niño Salvador en el pesebre del pueblo. Por eso llegan hermoseando sus danzas con elegancia como quien prepara y abona la sagrada tierra para la siembra; por eso, la polvareda que arrancan de la tierra se eleva pulcra y transparente, como quien nos acerca al niño Dios; por eso, las aves se posan en silencio para oír y acompañar a tan nobles visitantes que, con sus coloridos atuendos, son portadores de incomparable júbilo. Así celebramos la Navidad en los andes: en Ayacucho, Huancavelica e Ica; así trocamos nuestras penas en alegrías; así depositamos nuestra ilusión por mejores tiempos.

Los acrobáticos danzarines elevan sus voces acompañado del trinar de sus guitarras y violines porque saben que la obra mayor es hacer sonreír a un niño, ellos saben que vale la pena zapatear y sudar: es un incomparable y humilde gesto de bondad para el niño Dios y para el niño que está en casa. Mi respeto y admiración a los cultores, quienes, con mucho esfuerzo, siguen conservando tan bella tradición y siguen empeñados en hacer soñar a los niños que en tiempos de Navidad olvidan los pesares. Gracias a las diferentes Cuadrillas Fernández Calderón, Hellari Corazón, Marcatinco, Nueva Generación, Los Reflejos y a muchas otras cuadrillas y hatajos.

Sigan bailando y cantando, sigan pintando pesebres de esperanza a pesar de la indiferencia y abandono de quienes están obligados a promoverla, pero sobre todo sigan arrancando sonrisas a nuestros niños y sigan acercándonos a la magia de la Navidad. Ahora celebro con ustedes, con algarabía, el acertado reconocimiento como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por parte de la Unesco.