Cuando un maestro fue elegido parlamentario, su teléfono no dejaba de timbrar y detrás de cada felicitación había una solicitud. Tras el golpe del 5 de abril, era él a quien no querían ver. ¿Quién quiere estar mal con el poder de turno? Lo que hoy es dejarte en “visto” en WhatsApp, era antes un interminable timbre al otro lado. El Perú no se jodió, Zavalita; el ser humano es el jodido y no hay una fecha de saque ni un por qué.

Se entiende que quien pierde un empleo, no lo tiene y tiene bocas que alimentar, busque todos los espacios. Verlos con empatía es natural y lo doloroso es estar en una posición en la que no se les puede salvar. Nada es más vil para el que tiene cómo, que contemplar sin compasión el padecimiento de una familia que no sabe cómo vérselas. Así como se ha banalizado la muerte en esta pandemia, en la evolución humana se ha perdido toda esperanza en la piedad. No siempre se puede ayudar, pero lo sucedáneo del lloro forzado durante la crisis del prójimo es el olvido. El mendicante de cuadras atrás se convierte en olvido y, así, en términos de deshumanización, nosotros también nos hacemos nada.

Estamos más cerca de la concepción de Hobbes y Maquiavelo sobre el hombre perverso que de cualquier ilusión de beatitud. No se puede creer en el humanitarismo, a veces es el disfraz del politiquero o de las ONGs que ganan con bondad financiada, que no es ni bondad ni franqueza. Las empresas asumen que cada individuo es una cifra y restan despidiendo al trabajador para no perder más esas ganancias que son su yate y su viaje.

En la pandemia se ha visto la necedad de los irresponsables contagiosos, pero también frivolidades malsanas y risotadas en medios de festejos o tours de luxe, como si cada día no sumaran los moribundos abrazados a un balón o aquellos que no tienen nada que llevarse a la boca. La indiferencia es más miserable que el odio.

Al final de todo, es el deber, el honor y el compromiso lo que nos salva y nos redime, como los de esos miles de médicos y enfermeras que nos liberan de nuestra miseria humana, arriesgan su vida por el otro, lloran de impotencia, renuncian a su tiempo familiar, se enfundan en trajes, máscaras deformantes y pañales. Valga su ejemplo memorable.