Los congresistas electos saben que, gane quien gane según lo diga el JNE, la polarización del país en dos mitades iguales los colocará en el centro del ejercicio del poder por parte del Ejecutivo, al cual no le quedará más remedio que imponer un gobierno autoritario para superar la gran confrontación existente, cosa que puede resultarle fácil con un Congreso fragmentado en extremo.
Deben recordar la historia del primer gobierno belaundista que tuvo que enfrentar el levantamiento armado de Luis de la Puente Uceda, porque, de acuerdo a datos obtenidos en las aulas universitarias en ese entonces, propalados por catedráticos vinculados al gobierno militar que derrocó a Belaunde, las causas de la rebelión de Luis de la Puente Uceda debían ser tomadas en cuenta por la existencia de injusticias sociales históricas que debían ser revertidas y que, por esa razón, se conformó un grupo de trabajo para elaborar el famoso “Plan Inca”.
El resultado económico de la aplicación de ese plan ya lo conocemos todos, pero aún no tenemos evaluaciones de su efecto social, tanto más que, en el actual proceso electoral, la población del interior del país sigue mostrando su frustración repitiendo casi las mismas situaciones de abandono e injusticia de antes.
Deben los nuevos congresistas convencerse que los hechos acumulados en la historia no pueden cambiarse drásticamente porque el resultado es peor y eso ya lo vivimos con el gobierno militar de los setenta, de modo que hablar de revoluciones que cambien el sistema de gobierno para que gobierne un partido totalitario o un autócrata de derecha y lo corrija todo, está fuera de lugar.
Sin embargo, al subsistir el problema, no sabemos cómo actuará un Congreso con tanta fragmentación ideológica con fundamentalistas que no dialogan, sino que solo saben confrontar para imponer sus ideas sin respetar la de los demás.
Preocupa que en el plan del bicentenario, el profesor Castillo señale que el Ejecutivo debe ser fuerte y firme, no sujeto a interpelaciones ni censuras para llevar adelante un proyecto difuso de gobierno de masas sociales involucradas en tomas de decisiones de emergencia para superar la pandemia, corregir el problema de la salud y de la educación e impulsar el desarrollo económico de tránsito hacia una estabilidad que impulse la inversión pública y privada a niveles mayores.
En suma, tendremos un Congreso amagado desde el Ejecutivo y hasta los aliados del señor Castillo no son bienvenidos a un eventual gobierno suyo por parte del sector más radical.
La candidata Fujimori muestra a la gente que ya conocemos y podemos vislumbrar lo que se viene. El profesor Castillo trae personajes desconocidos muy vinculados a sectores de extrema izquierda con quienes no zanja para definir quién guiará la ruta de gobierno. Menuda tarea.

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