¿Te amo Perú?

¿Te amo Perú?

Hay un spot que nunca salió en la televisión, en 2002. Se elaboró, pero quedó allí. Lo hizo Francisco Torrico por la agencia publicitaria Neu y mostraba la frase emblemática de una camiseta, la del Chorri Palacios: “Te amo Perú”. Canales y anunciantes arrugaron.

El spot muestra a ciudadanos que violan las reglas, lo cotidiano: muros como urinarios, no respetar el rojo del semáforo… con el “Te amo Perú” en el pecho. Lo paradójico es que “con una mano señalamos al ladrón y con la otra recibimos una coima” (mercadonegro.com). No era un momento de credibilidad en las instituciones y poderosos y, a decir verdad, ahora menos. Pero atrévanse a liderar una campaña que resalte la contradicción de darle hurras al Perú y ser, a la vez, un taimado.

Desde los caudillos disputándose el poder en los albores republicanos hasta congresistas dilapidando el dinero o funcionarios llenándose los bolsillos, ¿tanto odian al país que dicen amar? La cruzada sentimental por el Perú en una camiseta chocaba hace veinte años con el doble discurso y chocaría ahora, pero sería un golpe a la conciencia ciudadana.

Amas al Perú y tiras la basura en sus calles o pintarrajeas sus muros o asaltas a su gente. Amas al Perú y nunca llegas a tiempo ni cumples tu palabra. Amas al Perú, pero mientes o golpeas a tu familia, no cumples los contratos, no pagas impuestos, no pagas tus deudas; amas al Perú, pero eres mal juez, mal profesional, mal empresario, mal obrero. Si ves un hombre tendido en la calle lo esquivas. ¿Amas al Perú?

Si las empresas auspiciadoras quieren ser amables con sus clientes al punto de no tocar sus conciencias es que tampoco se ponen la camiseta; quien ama corrige, enciende, pone en cuestión.

Un conductor de bus lleva el “Te amo Perú” en el pecho. Lo distingo en el mismo momento que se baja de su unidad para golpear a un competidor con quien hacía carrera para ganar pasajeros. La he visto en el rojo prendido en el cuerpo de un ciudadano que tiraba su botella vacía en la vereda y la he visto en el desenfadado sujeto que la hacía larga tratando de enredar a su cliente.

Volvamos al spot. En mercadonegro.com se lee la entrevista a Torrico, hicieron el spot ad honorem y el cliente era el Perú. Bueno, que alguien haga algo, el Perú los contrata.

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