1. Teatro. Cuando postulé a la alcaldía de Barranco, me ofreció generosamente uno de sus inmuebles para que lo utilice como mi local de campaña: “Al frente tienes una pérgola para tus discursos, aquí pintas un mural y a los costados, mimos entregando volantes”. Todo lo vinculaba al arte. Lo conocí hace veinte años, en La Noche de Barranco, lo frecuenté hace dieciocho en La Noche, de Lima. Voy a extrañar encontrarte en Grau, caminar contigo por el jirón Unión. Barranco se queda más solo sin ti, eterno y querido Manuel Luna, pero jamás dejará de escuchar tu carcajada, tu estrepitoso lamento para no perder la esperanza. Descansa en paz, viejo amigo. La función, allá, también continúa.

2. Poesía. La primera vez que tuve noticias suyas fue en mi adolescencia cuando en algunas antologías de la época, los poemas seleccionados señalaban como fuente “la tortuga ecuestre”, la revista que fundó con Issac Rupay a inicios de la década de los setenta. Lo conocí en Lima en 1999 y como a tantos jóvenes, Gustavo Armijos, tuvo la generosidad de dedicarme un número en su legendaria publicación. Lo vi con frecuencia el año 2003 gracias al escritor ancashino Pedro López Ganvini, quien coordinaba las publicaciones del Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso De La Vega. Ambos, Gustavo y yo, fuimos editados gracias a Pedro. Recuerdo que cada visita a las oficinas del fondo editorial terminaba en tardes inenarrables de bohemia. Gustavo añoraba sus épocas como comentarista deportivo, nos hablaba de sus viajes al interior del país y de cómo aquel joven piurano logró conquistar la capital. En la última feria del libro de San Borja coordinamos hacerle un homenaje, lamentablemente la salud del poeta impidió que lo tengamos presente. Con Gustavo Armijos se apaga una época prolífica de publicaciones y con él muere algo del sol de Piura que iluminaba esta ciudad.

3. Política. Aprendí a admirar su coherencia. Junto a Javier Diez Canseco era uno de los dirigentes de una izquierda realmente ideológica que emanaba docencia en cada intervención. Coincidimos en la Feria Internacional del Libro del año 2015 cuando visitó el ‘stand’ de Editorial Summa, posteriormente en una presentación en la Casa de la Literatura Peruana a la que asistió acompañando a la embajadora de Nicaragua en Perú, Marcela Pérez Silva, viuda de Tomas Borge, y finalmente en la campaña electoral al congreso del 2020, en San Martín de Porres, en “Ruta electoral”, secuencia de un programa matutino; ambos postulamos con el número 12. Me habría gustado dialogar con él de poesía, no se pudo. Queda el ejemplo de quien supo sostener la dignidad en una época de políticos canallas. Descanse en paz, Manuel Dammert Ego-Aguirre.