Las elecciones del domingo 26 de enero han generado sorpresas, desilusiones y lecciones que, sin duda, todavía no terminan. Es claro que esta ha sido la más gris justa electoral a nivel nacional en el Perú, de la que tenemos memoria. Fue caracterizada por el desprestigio de los partidos, poco tiempo de campaña, candidatos desconocidos y la prohibición de propaganda privada en radio y televisión.

Lo primero que resalta es que más de 5.4 millones de peruanos (aproximadamente el 25.4% de nuestros compatriotas aptos), no acudieron a los comicios y que en departamentos como Loreto y Amazonas hubo un ausentismo de 39%. En Huancavelica fue del 35%, en Huánuco, Cajamarca, Pasco y Ayacucho 34%. Adicionalmente, el 19% de los sufragantes en los 26 distritos electorales, emitió votos en blanco o nulos.

Desde las 4 de la tarde del domingo fuimos testigos de una enorme explosión de júbilo en algunos locales partidarios que se proclamaban ganadores de las elecciones. ¿Tenían razones para tanta algarabía? Si tomamos en cuenta que Acción Popular, el partido que obtuvo el mayor porcentaje de votos, apenas superó el 10% de los sufragios válidamente emitidos, lo que se traduce en poco más del 6% de la población electoral, tal vez no las tenían. Los desconcertados simpatizantes del FREPAP, si bien han conseguido un registro insólito para su agrupación, apenas alcanzarían el 5.38% de las preferencias a nivel nacional. No se han multiplicado como los peces bíblicos, a pesar de ser su récord histórico.

Estos comicios deberán ser analizados a profundidad por los singulares resultados, pero podemos apreciar que el pueblo peruano decidió castigar a las posiciones más agresivas y ultraconservadoras de los últimos años y escogió la renovación. Prefirió conformar bancadas para 9 partidos sin hegemonía, lo que los va a obligar a concertar desde el primer momento para conformar la mesa directiva y comisiones. Por esta gran dispersión y el breve periodo de sus funciones, se prevé que no será obstruccionista frente al Ejecutivo, pero difícilmente vaya a dar grandes muestras de confianza a nuevos inversionistas quienes preferirán esperar el panorama de 2021.

El gobierno parecería ser ganador, aunque no tiene partido ni participó en las elecciones y ahora tendrá que mostrar una eficiencia que no ha destacado entre sus cualidades, tal como se evidencia en la ejecución presupuestal, y en las poco efectivas acciones dirigidas al crecimiento y competitividad del aparato productivo.

Parece claro que los 3 candidatos más votados, acaso futuros aspirantes presidenciales, representan el sentimiento popular en diversos aspectos. Daniel Urresti, quien aparenta encarnar la esperanza de orden y seguridad en un país signado por la violencia, el sicariato y la inseguridad. Alberto de Belaunde es reconocido como un honesto y joven político consecuente con sus principios y Martha Chávez, reivindicada por la fuerza naranja a pesar de sus no pocos detractores, simboliza la ilusión de un fujimorismo que a pesar de tener a sus dos líderes en prisión, no olvida a una de sus más leales militantes.

Lo más importante del mensaje implícito de la votación es que la ciudadanía se hartó del circo político en el Congreso, y que la corrupción, el blindaje, la “repartija” y falta de transparencia han sido plenamente rechazados. Los peruanos exigen igualdad de oportunidades, tanto para el emprendedor de origen modesto como para el gran empresario. Detestan la brecha eterna entre pobres y ricos y rechazan el mercantilismo que muchas veces se esconde detrás de una falsa economía de mercado imperfecta, inhumana y tramposa.

Ex Viceministro de Pesquería