La ideología democrática es un accidente en la historia de la Humanidad. Desde que surgen las organizaciones tribales, pasando por los imperios antiguos y llegando hasta la primera mitad del siglo XX, la inmensa mayoría de sociedades aceptaban con naturalidad que la comunidad política sea dirigida, de manera absolutista, por el más anciano, el más fuerte, el hijo de los dioses, el líder nacionalista, o el secretario general de la vanguardia del proletariado. Algunas comunidades han logrado evolucionar desmarcándose de ese pensamiento atávico y han construido un modelo de distribución del poder, donde el liberalismo refuerza el pacto social y político con el que la mayoría logra identificarse, generando estabilidad.
Aún así, Alemania Federal sufrió el ataque del terrorismo de la Baader-Meinhof cuando alcanzaba altos niveles de bienestar económico; algo similar le sucedió a Italia con las Brigadas Rojas. En ambos casos, al igual que en el Perú, más que la respuesta a la injusticia o a la desigualdad, la violencia fue provocada por decisiones radicales de grupos minoritarios quienes observaron que el uso estratégico del miedo en la población, les podía abrir espacios de poder frente a gobiernos jaqueados por la imposibilidad de garantizar seguridad a sus ciudadanos, por lo que tarde o temprano, se ven obligados a negociar con las bandas terroristas.
Cuando los violentistas son vencidos militarmente, la izquierda parlamentaria sufre graves consecuencias políticas y electorales al ser relacionada con los grupos terroristas, a los que justifica por compartir electorado e ideología; pero en caso de que la violencia amaine por negociaciones con un Estado desgastado, ella será llamada a liderar la nueva etapa y podrá imponer su modelo socialista, habiendo derrochado críticas contra quienes defendieron a la sociedad. Por eso estalla una enorme frustración en los socialistas cuando se elimina a los líderes terroristas alemanes e italianos, se captura a Abimael Guzmán, y años después, se retoma la residencia del embajador del Japón.
Esa misma izquierda parlamentaria sabe que el fracaso del gobierno de Castillo/Cerrón puede conducirlos nuevamente a otra década de ostracismo, por lo que apuntan a neutralizar a los elementos más radicales, identificados con el terrorismo de Sendero y la corrupción en Junín, para tentar un abordaje pirata a la nave del cajamarquino, empleando las instituciones a las que astutamente han infiltrado mediante un arduo trabajo de años. Quizás esa, y la vacancia presidencial, sean las únicas salidas a la grave crisis que amenaza al Perú. Lamentablemente en nuestro país no se negocia ni pacta democráticamente, se impone el más fuerte.

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