La masacre terrorista contra hombres, mujeres y menores de edad ocurrido en la localidad de San Miguel del Ene, en el distrito de Vizcatán, nos trajo a la memoria la ferocidad con la que actúa el grupo subversivo de Sendero Luminoso que por espacio de casi dos décadas sembró el país de llanto, dolor y muerte a partir de los años 80. Ya vivimos el terrorismo de esos años y sabemos de lo que hablamos. El país fue golpeado duramente por la insania cruel y brutal se los grupos terroristas que crecieron al amparo de la indiferencia de los poderes políticos y de gobierno de entonces, hasta que, finalmente, fueron derrotados militarmente durante el gobierno de Alberto Fujimori.
Sin embargo, no desaparecieron totalmente. Los remanentes de Sendero Luminoso se refugiaron en las inhóspitas zonas de nuestra amazonia, como el Huallaga o en lugares inaccesibles del Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM), más específicamente, y en donde siguen operando convertidos en un grupo separatista, a la caída de Abimael Guzmán, bajo la denominación de Militarizado Partido Comunista del Perú, en alianza con el narcotráfico que opera por esa vasta y difícil zona. En esencia, sin embargo, siguen siendo terroristas remanentes de Sendero Luminoso, cuyos líderes, los hermanos Quispe Palomino, se formaron bajo la doctrina y estrategias desarrolladas por SL a lo largo de los años 80.
Según las primeras versiones de la policía y de los servicios de inteligencia de nuestras FFAA, quienes incursionaron en el pacífico poblado de San Miguel del Ene fueron estos terroristas que dejaron 16 personas asesinadas, entre quienes se hallaban dos menores de edad, como una advertencia del terror que quieren implantar, nuevamente, en la población indefensa si ella acude a votar este seis de junio, y peor aún, por una candidata que no es del agrado de los terroristas. Es un hecho que conmovió, nuevamente, a la población por su atrocidad.
Pero de esta nueva variante del senderismo que opera en el VRAEM se sabe que sus objetivos son otros en alianza con el narcotráfico. Señalan los expertos que han estudiado el problema que sus acciones son de una violencia más focalizada y discontinua. No son afectos al discurso ideológico, sino a las prácticas terroristas de emboscadas teniendo como objetivos a los miembros de la policía y las Fuerzas Armadas.
Las investigaciones arrojarán nuevas luces y ojalá sus responsables sean ubicados y sancionados con energía. Ya tuvimos una experiencia de violencia y muerte que los peruanos no deseamos se repita en el país. Las condenas a estos actos de violencia terrorista deben ser directas y enérgicas, sobre todo de parte de los líderes que aspiran a ocupar la Casa de Pizarro. Sin embargo, salvo Keiko Fujimori, no hemos escuchado la condena y deslinde formulados con claridad y de manera decidida de parte del otro candidato, el profesor Castillo y de sus seguidores que han preferido acusar al fujimorismo como responsable de lo ocurrido. Con este tipo de actitudes flaco favor le estamos haciendo a nuestra democracia que hoy más que nunca requiere de la unidad de todos los peruanos.
Es importante, que el Gobierno Central brinde el apoyo necesario, tanto a las FFAA como a la PNP, a fin que combatan dentro del marco legal a esta lacra social que lo único que pretenden es perforar el sistema democrático para obtener el poder e implantar gobiernos totalitarios y del partido único, con las consecuencias nefastas en perjuicio de la población, y de lo cual somos testigos de primera mano, basta con ver lo que viene padeciendo el hermano país de Venezuela. No permitamos que nuestros hijos padezcan de pasos políticos ya superados en nuestra historia.

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