Sea Shepherd es una millonaria ONG autodefinida como movimiento de “acción directa” de conservación de los océanos, para enfrentar actividades prohibidas en los santuarios marinos y aguas soberanas de los países. Fue fundada en 1977 por Paul Watson en Vancouver, Canadá. Su sede actual es Oregon, Estados Unidos.
Poseen una flota compuesta por 12 naves mayores de hasta 60 metros de eslora, y un número indeterminado de pequeñas embarcaciones. Operan en aguas internacionales y en mares jurisdiccionales de naciones que carecen de recursos e institucionalidad, vía convenios, para defender sus costas de la pesca ilegal, como Liberia, Tanzania, Namibia, Gabón, etc.
Aseguran haber hundido diez barcos balleneros desde 1979. La Comisión Ballenera Internacional condenó sus acciones, tildándolos de terroristas. Watson lo reconoce al afirmar que “Se necesita un pirata para detener a un pirata. Es cierto que en nuestra historia hemos embestido y hundido varios barcos para detener sus actividades ilegales”.
Tienen innumerables denuncias. En 2002 se inició una persecución penal de Costa Rica contra Paul Watson, cuando pescadores artesanales lo acusaron de tratar de hundir la embarcación “Varadero 1” mediante colision y violencia con intento de homicidio. El desequilibrado extremista canadiense se negó a asistir a juicio. Prófugo de la justicia, consiguió un sobreseimiento por prescripción en 2019, con lo que burló las leyes de la nación centroamericana.
En 2020, ante una pretendida intromisión de Sea Shepherd en Ecuador, el Jefe de la Armada, Darwin Jarrin, fue enfático al decir: “En Ecuador la única autoridad marítima es la Armada. Garantiza la soberanía”. En 2007 el presidente Rafael Correa, al comprobar acciones ilegales, se refirió a la ONG aseverando “No permitiremos que gringuitos de Sea Shepard o de dónde sea, vengan a perseguir a nuestros pescadores como criminales”.
En México, cuyas autoridades les abrieron las puertas para colaborar en retirar redes fantasma, han sido denunciados por un crimen cometido el 30 de diciembre de 2020, cuando su barco “Farley Mowat” embistió a una diminuta panga con 2 pescadores a bordo, partiéndola en dos y causando la muerte de uno de los tripulantes y graves heridas en el otro. En el colmo del cinismo, representantes de esta desquiciada ONG, alegaron que fueron los pescadores quienes los colisionaron.
En agosto de 2020, informaron haber suscrito un acuerdo con SERNAMP y que se enorgullecían de asistir al gobierno con una nave, tanto para evaluar adecuadamente las amenazas a la biodiversidad, como para disuadir la pesca ilegal. La semana pasada nos hemos enterado que han firmado un compromiso con el Ministerio Público y que con apoyo del buque “Ocean Warrior” de Sea Shepherd, éste interceptó a tres pequeñas naves artesanales con el argumento que realizaban actividades ilícitas. En nuestro país, la autorización de ingreso de embarcaciones extranjeras, es exclusiva del Estado a través de la autoridad marítima. Representantes de la fiscalía aseguran que la ONG colabora con el radar de su buque para monitorear nuestro litoral y brinda asesoría legal.
Desde esta columna advertimos que, si se persiste en esta aventura, con una organización que menosprecia la vida de los tripulantes de las naves a las que ataca alevosamente, estaremos ante un ecoterrorismo en el mar, que va a perturbar la paz social y terminará enlutando a familias de esforzados pescadores peruanos. No podemos permitir que se acose y criminalice de esa forma a los más débiles de la cadena productiva pesquera. Confiamos en que la Marina de Guerra sabrá imponer su autoridad en nuestras aguas jurisdiccionales, como corresponde.

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