Tiemblen, caviares

Tiemblen, caviares

Los caviares son los auténticos enemigos del Perú y no debemos parar en el activismo democrático hasta que revienten como cucarachas bajo el zapato.

Caviar es el socialista de salón, de huachafas reminiscencias aristocráticas, trastocado en señorito de izquierdas. Tiene gustos y hábitos propios de nuevos ricos; hace gala de una patanería intelectual insoportable porque memoriza tres citas de Marx aunque en su vida haya abierto una página del Manifiesto Comunista; no conoce las reglas esenciales del libre mercado pero despotrica del capitalismo; se ha apropiado de los símbolos indígenas para instrumentalizarlos como emblemas de una casta que desprecia profundamente a la peruanidad mestiza; argollero y acomplejado es, además, parásito del Estado porque –incapaz de tener iniciativa privada–, jamás trabaja sino que hace “consultorías”; y entre otras aberraciones, es defensor de la progresía porque cree que las disforias sexuales son vanguardia moral de un mundo que se pierde en las infamias de la biopolítica y el transhumanismo.

El caviar tilda de fascistas a liberales y conservadores, ignorando la identidad roja de esa corriente; y, sin desparpajo, apoya las causas revolucionarias, incluido el terrorismo, utilizando un criterio laxo y suicida de los derechos humanos, aunque su defensa de los mismos la factura a través de una vastísima red de ONG que se beneficia de donaciones de organismos que alientan el nuevo orden mundial bajo la enseña de la Agenda 2030.

Y el caviar que se respeta no le hace ascos al dinero sucio de seres despreciables como Soros y fundaciones que trafican con fetos vivos como Planned Parenthood.

En fin, los caviares son una porquería. Y ésta empezó a controlar el Estado peruano a partir del año 2000, cuando la izquierda marxista estaba en crisis y el fujimorismo dejó el poder. Desde ese momento la plaga empezó a deconstruir la estructura republicana y a montar un Estado paralelo basado en asesores corruptos, descontrolados y peligrosos.

Se encumbraron con Toledo, se ensoberbecieron con Humala, PPK y sobre todo con Vizcarra; pero fueron golpeados por los extremistas de Castillo y ahora están asustados con el descubrimiento de su participación en la vastísima red de corrupción que ha controlado al Perú en los últimos veinte años.

Por eso lloran y reclaman protección internacional ante la amenaza de una humilde rosa blanca puesta en la puerta de su templo, el IDL. ¡Tiemblen, cobardes caviares, los muros de su castillo asqueroso están a punto de sepultarlos!

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