Siempre me ha impresionado la severidad y el humor de los críticos cinematográficos – nihilistas en su mayoría y odiados por las luminarias de Hollywood – cuya capacidad de sintetizar en una frase la mala impresión que les causa algunas películas, llega a ser notable. Por eso retengo la que Ower Gleiberman de Entertainment Weekly utilizó para calificar la cinta SOMEONE LIKE YOU (protagonizada por Ashley Judd y Hugh Jackman): “la perfecta definición de inocua”.

Cómo no recordarla terminando de escuchar el último mensaje a la nación del presidente Martín Vizcarra. Y decir también que la película de su gobierno – con una duración de 2 años, cuatro meses y cinco días – merece un Golden Raspberry Awards, premio conocido con “el anti Óscar”, por su mediocridad sistemática, incoherencia y apego a la espectacularidad sin contenido.

Esta humilde columna se empeñó las dos últimas semanas en identificar la estrategia oficialista para el muy serio y duro trance de darle cara al fracaso de las medidas aplicadas contra la pandemia del Covid-19. Ensayó los escenarios posibles considerando la variable introducida por la reciente juramentación de un nuevo Consejo de Ministros, motivo por el cual el flamante premier Pedro Cateriano solicitó hablar antes de Vizcarra en el Congreso –para pedir el voto de confianza establecido por la Constitución– pero la mayoría de bancadas lo rechazó. El jefe del Estado se aferró al papel de transmitir optimismo. Aún así muy pocos esperábamos que lo convirtiera en un ejercicio de mentiras y cinismo.

La elusión de los errores cometidos en situaciones críticas resulta inaceptable. Cateriano cree que se le pedía a Vizcarra “autoflagelo” cuando apenas la mínima exigencia era subrayar malas lecturas y las decisiones consecuentes para no volver a cometerlas, así como ampliar los oídos al universo de verdaderos expertos en el tema que fueron marginados por razones ideológicas y políticas. En una emergencia sanitaria el saldo trágico son muertos, no impactos subsanables.

Incoherente Vizcarra cuando citó a Churchill para no comprometer el futuro enfrentando al pasado y al presente, pese a plagar su discurso de golpes a todos sus antecesores (carta nada novedosa en políticos de pobre ejecución). Mentiroso cuando se atribuyó ser pionero y único en, por ejemplo, dar cuenta al país de acciones y resultados contra el Covid-19 (el fact checking del diario La República señaló que era falso, pues EEUU, Brasil, Uruguay y otros también lo hacen). Igual con las referencias a la lucha contra la anemia o el reciclaje de bolsas plásticas.

Recuerdo otra vez la cita del escritor inglés Somerset Maugham, hoy aplicable al señor Vizcarra: “En tiempos de hipocresía, cualquier sinceridad parece cinismo”. Solo que hoy el cinismo del Presidente ha opacado cualquier atisbo de sinceridad.