Siempre he tenido como norma honrar mi decisión de formar parte de alguna institución, sea círculo de amigos, club, centro de trabajo, partido político, etc., defendiendo la institución y buscando que ella no se aparte de sus objetivos y, si es posible, mejore en su funcionamiento.

Soy, a mucha honra, la congresista decana de este Congreso elegido el 26 de enero último, entendido ello como la integrante que más tiempo ha sido parte de la institución parlamentaria. Me cabe también la responsabilidad de ser la única congresista que integró el Congreso Constituyente Democrático, encargado de elaborar la actual Constitución, de 1993, hoy la tercera más duradera de las doce constituciones que ha tenido el Perú en sus casi cumplidos dos siglos de historia republicana.
Digo esto porque lo que a continuación mencionaré debe entenderse en esa lógica y contexto.

Lamento señalar que en el Congreso de la República de hoy se trasgreden permanentemente, y sin pudor alguno, las normas constitucionales y legales, como lo demuestra superponer en el Pleno un segundo dictamen en un proceso de reforma constitucional sobre la inmunidad parlamentaria, pese a que el primer dictamen sobre el tema ya había sido aprobado en primera votación plenaria y quedaba pendiente debatir y ratificar o no lo ya votado. Lo más grave es que quien induzca, convenga o simplemente tolere este desorden, sea quien encabeza la comisión de Constitución y Reglamento del Congreso y, además, abogado.

Se cercena también el debate del Pleno, limitándolo a una estéril intervención de dos minutos y hasta menos por congresista, salvo algunas pocas excepciones. Ello impide argumentar y aportar sobre reformas constitucionales o leyes tan importantes y complejas como la ley agraria.

Qué decir de las decisiones tomadas en comisiones y subcomisiones, a partir de las cuales se pronunciará el Pleno no solo en materia normativa sino respecto de procesos de investigación y de juicio político y antejuicio constitucional, donde se decide sobre la conducta funcional de altas autoridades y se abre el camino para sanciones drásticas contra los mismos.

Vengo insistentemente tratando de romper esa inercia, que creo integrará una de las épocas más oscuras de la historia del Parlamento y que, como advierto a los responsables y cómplices de dicha inercia, están registradas audiovisualmente y transcritas en el Diario de Debates, y sin duda serán causa de vergüenza futura para los protagonistas.

Lo penoso de todo esto es que la oscuridad descrita afecta al país y a su futuro.

¡A seguir batallando!