Revisando la estadística actualizada de Eurostat OECD And Individual Statistics Agencies, observamos que mientras Taiwán registra el menor índice de retracción económica en el mundo, como consecuencia de la pandemia, con un porcentaje de -0.6% del PBI, en nuestro país el retroceso es -30.2, uno de los más altos del planeta y el mayor del hemisferio.

Otras naciones también proyectan una significativa afectación en sus economías: Estados Unidos -9.5%, Japón -10%, Chile -13.7%, México y Francia -19 %, Inglaterra – 21. 7 % y España – 22.1%.

Recordemos, en ese contexto, que el 31 de diciembre del 2019, el gobierno de Taiwán informó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) haber detectado un virus proveniente de la provincia de Wuhan, a escasos 130 kilómetros de su territorio, con el propósito que sus directivos activen las alarmas internacionales porque esa época coincidía con las vacaciones del Año Nuevo Lunar chino, que moviliza a miles de viajeros hacia todos los continentes.

La OMS, sin embargo, recién envía una delegación científica a China el 20 de enero y las primeras alertas que emitieron fueron confusas, erráticas y débiles, provocando la expansión del virus. Su director general,Tedros Adhanom, sostuvo, en efecto, que “la OMS no recomienda limitaciones al movimiento de personas ni al comercio” procedentes de la potencia asiática y Didier Houssin, presidente del Comité de Emergencia contra el coronavirus de la OMS, señaló que “medidas como cerrar fronteras, rechazar visados o poner en cuarentena a viajeros en buen estado de salud no son justificadas”; precisamente por esos irresponsables consejos, miles de personas perdieron la vida y millones han sido contagiados.

Lo cierto es que ahora vivimos con severas restricciones, cuarentena, aislamiento, toque de queda, garantías constitucionales suspendidas y poblaciones atemorizados ante una tragedia que se expresa en 886 mil muertos, 27 millones infectados, 197 millones de personas que han perdido su trabajo y 75 millones que pasarán a la condición de extremadamente pobres, mientras que, en contrapartida, se acrecienta los conflictos sociales y se dispara la delincuencia.

En ese escenario, el Perú es el país con mayor mortalidad por Covid-19 en el mundo por millón de habitantes, con un volumen estimado en 30 mil según cifras oficiales y 60 mil de acuerdo a diversos estudios independientes, cifras a las que debemos agregar 700 mil infectados, que deben ser atendidos de urgencia a pesar de las precariedades de nuestras instalaciones sanitarias y la escasez de médicos, 130 de ellos fallecidos en cumplimiento del deber, al igual que 466 policías ( 28,812 efectivos infectados ) que han dado su vida por proteger a la sociedad.

La pregunta que hacemos es ¿por qué el gobierno hizo ensayos para afrontar la crisis, recurriendo a personas inexpertas o a demagogos, que han causado el desastre que experimentamos, en lugar de invitar a un equipo de expertos internacionales para construir una plataforma sería para enfrentar al Covid-19?

En Taiwán, por ejemplo, desde enero del 2010 cerraron aeropuertos y puertos, compraron equipos necesarios para arrostrar la enfermedad –camas UCI, balones de oxígeno, pruebas moleculares– e hicieron seguimiento al entorno de los infectados, además de capacitar a su población sobre la dimensión de la pandemia y la manera de afrontarla.

Los resultados están a la vista. Así como en el plano económico tienen la menor reducción del PBI en el mundo –0.6%–, solo registran 7 muertos por pandemia –el último de ellos el 11 de mayo – y 489 contagiados, de los cuales 471 han sido recuperados y 11 se encuentran en observación.

Con una población de 23 millones y un territorio de escasamente 35 mil kilómetros cuadrados, los taiwaneses han demostrado un alto nivel de preparación para enfrentar esa letal enfermedad, éxito que debería motivar que el gobierno del Perú invite a una misión de expertos en salud y estrategias, porque todavía hay tiempo para evitar más muertos e infectados y, con ello, más pobreza, desempleo, inseguridad y angustias de los peruanos.

La lucha por la salud y la vida no tiene banderas ni partidos; lo decimos porque no faltarán quienes digan que el arribo al Perú de especialistas de Taiwán provocaría la protesta de Pekín. Confiamos, empero, en la capacidad persuasiva de nuestra Cancillería y en la sensatez de los gobernantes chinos para no obstaculizar un apoyo humanitario a nuestro país…si lo pedimos, por supuesto.