La interpretación de la existencia humana no termina con la muerte, el deceso de las personas tiene su historia para establecer las causas que originaron su partida de esta vida terrena y para eso contamos con la escena del crimen, la necropsia, la criminalística y la psicología forense que van a orientar cómo era en vida el occiso, inclusive podemos obtener un perfil del presunto autor por la forma y circunstancia que se produjo el hecho de sangre. Además debemos tener presente que la escena del crimen puede ser inmediata cuando el cadáver no ha sido movido del lugar y mediata cuando el occiso ha sido trasladado a otro lugar, empero su historia no cambia la esencia de los hechos. Por la forma y circunstancias que es encontrado el cuerpo establecemos si la persona estaba de pie, sentada, acostada, caminando, de espalda, lateralizada, si las heridas son punzo penetrantes o cortantes, si ha comprometido órganos vitales, por ahorcamiento o proyectil de arma de fuego con orificio de entrada y salida o solamente de entrada, el recorrido de la sangre de arriba hacia abajo o al revés, cómo estaba vestido, tatuajes, cicatrices, si había ingerido alcohol o drogas o fue envenenado, al practicársele su registro personal que documentos se le encontraron que tenga relación con la persona o terceros.

En algunos casos cuando se trata de suicidios, por lo general dejan escrito por qué tomaron esa decisión que va a servir de mucho para la investigación, si el occiso estaba enfermo, sufría de depresión, estaba en la bancarrota o se simuló su muerte como suicidio y en realidad fue un homicidio, por eso los casos de muerte por negligencia se investiga porque detrás del hecho puede existir una acción intencional, que en algunos casos compromete a los galenos que no tienen ninguna clase de escrúpulos. La información que se puede obtener de las personas que estuvieron el día de los hechos es muy importante por ser espontánea y corrobora las hipótesis de las personas encargadas de la investigación. Inclusive la forma y circunstancias de la muerte del occiso llegan a establecer si el autor o coautores lo perpetraron por odio, placer, venganza o interés económico, como los sicarios que son los autores materiales pero detrás de ellos están los autores intelectuales.

Los asesinos seriales son más fáciles de identificar por su modus operandi de perpetrar los hechos de sangre, buscan determinado perfil de la víctima, el arma que utilizan, el lugar, la hora, si es de día o de noche, la forma de ocultarlas. En algunos casos no se quedan conformes con darles muerte sino las violan antes o después del hecho de sangre. El perfil de estos sujetos son sadomasoquistas, la infancia y adolescencia no ha sido debidamente gratificante, en algunos casos han sido agredidos sexualmente a temprana edad y provienen de hogares disfuncionales.

Ese dicho popular “que los muertos no hablan” no es cierto, existe “un retrato hablado de los muertos” que describe cómo se produjo su muerte y quiénes son sus autores, por tanto nadie se salva si le asistiera alguna responsabilidad. “Lex dura lex”, la ley es dura pero se cumple.