En una sociedad abierta la contradicción no es problema, es una confirmación de que es, efectivamente, abierta. En ideologías o creencias lo propio es la tolerancia, aunque prefiero referirme al respeto, que ya lo otro suena a soportarse en la diversidad.
En materia de fe, la madurez no es creer o no creer, es una opción; la madurez es respetar al otro, así crea en la Virgen, los santos, la beatita de Humay, Alá, Buda o la Metafísica. Al decir “¡Madura!” a quien tiene una fe o la exhibe en una imagen o un rezo, lo que se hace es exhibir la propia inmadurez. Madurar es evolucionar y se evoluciona desde la imposición o la injuria hacia la convivencia dialogante. Esa convivencia es la que se traduce en los derechos fundamentales, en particular en la libertad de pensamiento y expresión…siempre que mi idea no sea, claro, aplastar la tuya. Se requiere (y aquí otro rasgo de madurez) control emocional con relación a lo que cree el otro; lo contrario es la mofa o el golpe.
Me ha tocado publicar una imagen de la Virgen María en una red social un par de veces y tolerar al intolerante necio que se ríe de una fe. Toda obsesión contra un credo es también una fe, el ateísmo es una fe, solo el escepticismo no lo es, y el escepticismo respeta. Me importa poco el ateísmo, la creencia o el descreimiento de cada cual, los defiendo porque es también la defensa del ejercicio de un derecho. Madurar es respetar al que siente, habla, escribe o piensa diferente porque sin sociedades abiertas y complejas no hay intelectualidad. Mariátegui es uno de los pocos marxistas intelectuales y fue intelectual porque creó una idea a partir de Marx y no repitió como letanía de loro lo leído de Marx. ¿Hubiera podido Mariátegui ser un intelectual creador tolerado en la URSS o en la Cuba de los 60? Difícil desviarse sin alterar el dogma y la interpretación oficial. Siempre se debe ser tolerante en una sociedad abierta, salvo que la burla, el emoji o la agresión sean una seña de intolerancia. Se debe ser, tal cual Popper, tolerante con todo… nunca con la intolerancia.
La diversidad y la deliberación provee de complejidad, potencia y riqueza al conocimiento, pero solo es viable en una sociedad en la que pensar diferente no te convierte en un enemigo o en un idiota.

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