Aplica a los estoicos, “tómalo con filosofía”, que es como “que te importe un carajo” o “No la tomes en serio”. Impertinente en una pandemia y en una revolución rusa muy a la criolla, en la que leer a Sofocleto se ha vuelto más importante que leer a Platón.
Zenón vio cómo sus riquezas se hundían con su barco, sencillamente se fue a un pórtico a conversar ¿?. Fundó su escuela estoica y dijo que no nos preocupáramos. Poco puedes controlar fuera, al menos maneja tu manera de ver las cosas. No conozco a ningún Zenón, al último probable le hablé del filósofo y del equipaje ligero. En realidad, a poco del robo de su auto casi le da un infarto. Me dijo todo lo que podía hacer con mi filosofía, inapropiado aquí.
Epicteto es otro estoico, no escribió nada, pero el esclavo amaba la virtud. Nos decía que, pase lo que pase racionalicemos, guardemos la calma, seamos imperturbables como la roca que no responde a la injuria. Lo llevo entre notas, pero el “¡cálmate!” parece no servir cuando me cortan la luz el día de un Zoom mientras veo al operario cortando los cables. Se puede ser espantosamente animal, que eso somos a las finales. Tiene un efecto cúbicamente peligroso el “cálmate” en ciertas ocasiones (no olvides llegar temprano a una cita romántica y no olvides de tragarte esta palabreja tras dar explicaciones, que de nada te sirve allí Demóstenes y su clase de Oratoria) ¡Que se calme tu abuela!
Sócrates no fue estoico, pero nos dio la mayéutica para, con una sucesión de preguntas, llevar al adversario a la contradicción. El mal uso y un mohín de satisfacción puede llevar al adversario a la exasperación. Tenga siempre a la mano gasa y algodón.
Epicuro y Aristipo revelaron la sabiduría del goce, aunque el goce cuesta y paga impuestos. Sin alusiones, probé caviar de adolescente abriendo un frasco en una tienda. Ah, la moral. Ética a Nicómaco, Calicles y la ley del más fuerte, Fue lo que leí antes del caviar. Placer. Nada. Que para todo hay una contabilidad.
No se haga bolas, que los filósofos tampoco es que se la pasaran bien. A Sócrates le iba mal con Xantipa, dicen que por haragán, en una sociedad donde ser haragán elevaba el estatus. Y pensar que ser “vago y florero” alguna vez fue virtuoso. Cosas de la filosofía.

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