Con o sin la pandemia del coronavirus, el tráfico ilegal de especies silvestres protegida continúa. Pero esta vez a través del mundo digital. Claro, los internautas reciben en sus cuentas de Facebook o Instagram miles de avisos, entre ellos de bellos ejemplares sin saber que se podría tratar de un animal comercializado ilegalmente. Bajo esa idea, los traficantes buscan nuevas rutas que no sean controladas, encontrando en la internet un canal para el comercio ilegal de especies.

Para mala suerte de las autoridades, las fotos y anuncios que se suben a estas plataformas llaman la atención de miles de personas. Junto a ello, para asegurarse del negocio los traficantes crean grupos cerrados y hasta ofrecen un delivery de monos, reptiles, aves, tigrillos aves para el comercio de mascotas exóticas, y subproductos de elefantes, pangolines y tortugas marinas, para diferentes países.

Ante esta realidad cruda, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), Traffic y la empresa Ifaw (empresas de tecnología) crearon la Coalición para Acabar con el Tráfico de Fauna Silvestre en Internet. Son 34 empresas (están eBay, Google y Facebook) que están a la fecha eliminaron o bloquearon más de 3 millones de anuncios de tráfico ilegal de especies en peligro de extinción y/o amenazadas, en sus dos años de trabajo.

Pese a que eBay e Instagram hacen increíbles esfuerzos para remover o bloquear cuentas, este mal sigue. Según los especialistas, se debe concientizar a los ciudadanos del mundo, que muchos de estos animales sirven para la vida silvestre que una vez instalados en casa durarán un tiempo y luego cuando ya no los deseen terminan en situaciones penosas y abandonadas a su suerte poniendo en peligro a la fauna local.

En Ecuador, por ejemplo, las ranas venenosas de Mindo son víctimas de los traficantes y al capturar los ejemplares adultos, que son los reproductores, ponen en peligro su población.

Por ello es urgente e importante que se concientice a la población a no adquirir animales protegidos o que aprendan a denunciar estos avisos, porque no son mascotas y lo más triste es que de cada diez animales rescatados, solo uno sobrevive y casi siempre no se le puede liberar.

En el Perú, ya existe un precedente legal, ya que en el 2016 fue la primera vez que se realizó un proceso por el delito de tráfico ilegal de fauna silvestre. La sentencia se dio rápidamente, porque la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental solicitó un proceso inmediato al ver que el caso del tigrillo se trataba de un “evidente caso de flagrancia delictiva”. Los traficantes recibieron tres años de cárcel por este delito de tráfico ilegal de fauna protegida por el Estado, y debieron pagar 1154 dólares de multa cada uno.

Hacemos votos que la actual coyuntura no distraiga a nuestras autoridades de velar por la integridad de nuestra flora y fauna protegida.