Si uno fuese ajeno a la política peruana, daría pena escuchar a Vizcarra pidiendo unidad nacional tras la censura al Gabinete de Cateriano el Breve. Pero en la selva política sobran las lágrimas de cocodrilo.

El moqueguano mandó deliberadamente al sacrificio al equipo “luz verde”. Por mucho cabildeo interno que se hiciese (y es mentira cualquier negociación sórdida bajo la mesa) resultaba imposible ignorar el baloteo parlamentario contra quien fue servil a Toledo, Humala, Nadine y PPK. Tampoco pasarían otros tres ministros cuestionados. Además la falta de autocrítica y la arrogancia de presentar un plan de gobierno imposible a menos de un año para la salida del régimen hizo risible el estilo de un señorito ofendido con pretensiones de conciliador.

Aunque sigo discrepando de un Congreso nacido del golpe de Estado de 2019, reconozco que algunos de sus miembros tienen suficiente sentido común para entender que el novísimo Gabinete, presidido por Walter Martos, es más de los mismo; y que el pacto político que plantea Vizcarra incluyendo al inútil Acuerdo Nacional solo es una búsqueda desesperada de oxígeno. Por eso veo complicada la investidura, salvo con condicionamientos muy precisos.

El Gobierno en esto debe tomar nota: primero dejar de lado sus manipulaciones políticas, cuando ya ni siquiera le quedan aliados serios de una izquierda fracasada y disidente; segundo, frenar los psicosociales y la persecución política, que enervan más al país; tercero, no hacer demagogia con iniciativas para las cuales no hay tiempo de ejecución; cuarto, no imponer cargas para el régimen que se elija en abril de 2021; quinto, no utilizar la “carta militar” con la que farolea cada vez que le conviene.

Vizcarra ya no manda ni gobierna en el sentido amplio. Solo debe administrar la crisis y abocarse puntualmente a controlar hasta el máximo los efectos de la pandemia criminalmente mal manejada; acelerar la reactivación económica privilegiando a las mypes sin incrementar las medidas populistas ni la deuda externa; preparar con transparencia el proceso electoral rechazando el uso del voto electrónico; y garantizar la seguridad ciudadana; inhibirse de tratados lesivos como el de Escazú.

Vizcarra está desprestigiado, es incapaz, nadie le hará caso en el momento de desbande previo al cambio de mando. Así es hora de advertirle: prepare una transferencia ordenada, son demasiadas la denuncias y procesos de investigación que lo esperan. ¡De una vez por todas tranquilícese y póngase a Derecho!