Fue en 1990 cuando la política en el Perú no volvió a ser la misma. El ingeniero Alberto Fujimori, ex rector de la Universidad Agraria, le ganó la Presidencia de la República al escritor Mario Vargas Llosa en unas elecciones que marcaron un hito en la historia del Perú.

Vargas Llosa era el favorito de las encuestas, de los medios, se había aliado con los partidos políticos de centro derecha más importantes de entonces: Acción Popular y el Apra. Algunos dirían que era un “candidato de lujo”. El talentosísimo escritor, además, combatía con denuedo los afanes estatistas de un joven presidente de la república que en 1987 había anunciado estatizar el sistema financiero y bancario; y entonces surge el Movimiento Libertad con Vargas Llosa a la cabeza.

El Perú entonces navegaba entre las turbulentas aguas de la hiperinflación y el terrorismo. Mientras Vargas Llosa se presentaba como un “salvador”, Fujimori sin mayores recursos que un tractor solo ofrecía: “honradez, tecnología y trabajo”. Mario tenía a los partidos políticos como garantes, y ‘El Chino’, al pueblo que precisamente estaba cansado de los políticos.

Para la izquierda Vargas Llosa representaba la oligarquía reaccionaria, y apoyaron la campaña del chinito y su tractor. Sí, los mismos que treinta años después despotrican de la hija que nunca ha sido gobierno. (Pero esa es otra historia).

La derrota no fue fácil de procesar, pero demócrata al fin y al cabo, reconoció el triunfo de Fujimori el mismo domingo en que se anunciaron los resultados.

El 5 de abril de 1992 Fujimori cerró el Congreso y Mario Vargas Llosa como otros lideres peruanos rechazaron este
atentado contra la democracia. Desde entonces el escritor se convirtió en el más connotado opositor del régimen
fujimorista.

Además Vargas Llosa siempre ha tenido una voz gravitante en las elecciones peruanas. Uno puede discrepar con las
que han sido sus opciones electorales en los últimos años, pero lo que no se le puede negar es que su consecuencia antifujimorista ha sido una característica recurrente en los últimos 30 años.

En el 2006 cuando el Perú se encontraba en la disyuntiva de optar entre el presidente Alan García y Ollanta Humala, de clara filiación chavista para entonces, Vargas Llosa no dudó en pedir el voto por el ex mandatario a quien había combatido duramente en los 80. García Pérez se reivindicó con creces en su segundo gobierno y llevó al Perú a importantes éxitos económicos y sociales.

Cuando en el 2011 la opción era entre Humala y Keiko Fujimori, el Nobel se decantó por Ollanta previo juramento en San Marcos y la hoja de ruta. En el 2016, Vargas Llosa optó por Kuczynski, “porque no se podía votar por la hija del dictador”.

El 2021 la disyuntiva es gravísima e implica el futuro del país. Pedro Castillo no es una opción para los demócratas y
amantes de la libertad, y Vargas Llosa lo sabe, y a sus 85 años no ha dudado en pedir el voto por Keiko Fujimori, sopesando el riesgo que implica que el Perú con Castillo en la presidencia, se convierta en un satélite de Cuba, Venezuela o Bolivia.

Este gesto de Vargas Llosa implica también una enorme responsabilidad para Keiko Fujimori, quien tiene en sus manos la posibilidad de encaminar al país hacia una reconciliación nacional, treinta años después.

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