Esta semana hemos visto asombrados cómo los argentinos han llegado al trueque callejero. Así se han visto obligados a intercambiar, por ejemplo un pantalón de niño por dos leches, dado que en el mercado de ropa de segunda mano el dinero no valdría nada, mientras que en el otro habrían pocos clientes dada la falta de liquidez en los hogares.

¿Cómo llegó la economía argentina, que en un momento aspiraba a estar dentro de las más poderosas del mundo, a esta situación? Se podría decir que tras una serie de malas decisiones que podrían ser calificadas de negligencias, dada la falta de cuidado y diligencia con que se tomaron.

La economía peruana no ha llegado a tal estado de deterioro, pero nunca fuimos aspirantes al grupo top mundial, a pesar de ilusionarnos con ingresar a la OCDE. Modestamente éramos considerados un importante líder latinoamericano, cuando se impulsó la Alianza del Pacífico.
Nuestra economía se basa en las industrias extractivas, y poco en las transformadoras. La industria exportadora peruana aún esta en pañales. Existe poco empleo formal, siendo el informal la regla.

Así el desarrollo social peruano es endeble. La crisis del COVID-19 reveló que cuando teníamos el dinero necesario, los presidentes de turno no invirtieron sabiamente ni en educación ni en salud, motivo por el cual hoy pagamos la factura todos. ¿La solución pasa por reparar lo que no ha funcionado o cometer negligencias?

A diferencia del gobierno de transición, en el cual no se dio una campaña política donde se pudo haber discutido salidas a estos graves problemas, el actual gobierno ha tenido espacios para plantearse soluciones inmediatas a la crisis actual. Y por eso postularon.
Para ningún candidato presidencial era novedad la crisis que ha traído el COVID-19 y tenían claro que no existiría “luna de miel política“ hasta que se aprenda el manejo del Ejecutivo. Es por todo ello que llama poderosamente la atención cuando se escucha de los ministros excusas basadas sobre el poco tiempo en el cargo.

Ciertamente el gabinete de Guido Bellido no ha pasado por el visto bueno del Congreso de la República, pero el Estado de Emergencia actual (que este gobierno ha prorrogado hasta marzo del 2022) exige medidas urgentes, inmediatas y sobre todo efectivas. Así por ejemplo, los bonos prometidos deben llegar de manera rápida, bien focalizados, y no entramparse en el bendito patrón de beneficiarios que suele estar desactualizado. Otra vez ese error en el cual recaemos una y otra vez, no se puede dar.

Para evitar golpearnos con las mismas piedras de siempre, debemos evitar los subsidios o los impuestos transitorios que se convierten en permanentes. Debemos mirar críticamente lo hecho, buscar perfeccionarlo –sin perder tiempo– recordando que lo popular no necesariamente es lo correcto. Claramente no se debe gobernar para satisfacer los apetitos de poder, sino para evitar caer en negligencias cuya factura más alta la pagarán las personas con mayores necesidades. Simplemente, porque como se sabe no hay lonche gratis.

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