De la reelección de Donald Trump depende el destino de la América toda, desde Alaska hasta la Patagonia. Este patriota defiende el concepto de Estado-Nación dependiente de un territorio claramente delimitado y con un gobierno que ejerce su poder y conoce sus límites. Es un antilibertario que no se arrodilla ante la banca globalista, un capitalista reconstructor de la industria destruida por empresarios que decidieron abaratar costos produciendo en la China, a costa del seudo esclavismo padecido por los obreros en las garras del comunismo.

El Donald defiende los valores judeo-cristianos que son la base de la cultura occidental, nuestra cultura. Es pro-vida, es presbiteriano y le ora con su gabinete al buen Cristo antes de cada reunión. Ayer nominó para jueza de la Corte Suprema a Amy Coney Barrett, católica y madre de siete, para el puesto que quedó vacante por la muerte de la respetada jueza Bader Ginsburg. La noticia debe haber alborotado la melena siempre tan bien peinada de la pogre demócrata Nancy Pelosi. La nominada fue presentada en el jardín de las rosas de la Casa Blanca, que ya luce una variedad híbrida de la flor, en honor al Papa santo, Juan Pablo II.

Para el analista ruso experto en contrainteligencia, Daniel Stulin, si Trump “gana las elecciones de noviembre, podremos decir que el liberalismo estará llegando a su fin, pero no me refiero al liberalismo pensado por Voltaire, sino al liberalismo financista parasitario que no produce nada y vive de la especulación. La Unión Europea es el ejemplo marco de este liberalismo desenfrenado planetario, y por tanto está destinada a morir. En una generación solo va a quedar poco de lo que hoy es Europa. Lo más probable es que haya un montón de países nuevos”. Esa será la Eurabia vaticinada por Oriana Fallaci, periodista, escritora y la primera mujer corresponsal de guerra quien tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, contra las torres gemelas en Nueva York, dedicó artículos varios y un libro al tema. La “mugresía” intelectual le dio la espalda por alertar sobre la decadencia de occidente ante el fundamentalismo islámico y sostener que la imparable inmigración (invasión) islámica hacia Europa, era un plan para socavar los valores occidentales y sitiarlos con grupos radicalizados. Los terroristas islámicos -Hezbollah, Isis, etc.- son hoy una amenaza real para Europa y han empezado a posicionarse en América, gracias a sus aliados de la órbita castro-chavista. Trump es el gran muro contra esos y el avance narco-comunista.
Para el analista ruso Stulin, “Trump va a ganar sí o sí”.

Así sea.